LOS  POBRES  ACUDEN  AL  OBISPADO  Y  PRONTO  TENDREMOS  QUE VENDER NUESTROS CUBIERTOS PARA AYUDARLES

Al disminuir la epidemia de cólera, igualmente se perdió la conciencia del sufrimiento que había ocasionado.

Pero la miseria se hace sentir en todas partes, y no nos atrevemos a  esperar que las colectas que se hacen con ostentación, como la vez anterior, la alivien mucho.

Eugenio menciona lo que se había recaudado en 1835, en la epidemia anterior, y cómo los fondos habían sido mal utilizados sin llegar a las víctimas que se había buscado atender.

Mientras tanto, los pobres acuden al obispado, y pronto tendremos que vender nuestros cubiertos para ayudarles, pues no recibimos ni un céntimo de las colectas filantrópicas, cuyo producto desaparece en la caja donde pienso se les deposita. Hay en la ciudad un clamor unánime sobre el despilfarro, pero ciertas personas que negarían dar cinco francos a su párroco, se vanaglorian al ver su nombre inscrito pomposamente en una lista impresa por cien francos, y algunas veces menos [ed: 5 sous eran 1 franco]

Diario de Eugenio de Mazenod, Septiembre 7, 1837, EO XVIII

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