LAS CRUCES DE LOS OBLATOS QUE ENTRAN AL CIELO POR LA PEQUEÑA PUERTA QUE SE ABRE SIN ESTRÉPITO

Eugenio había decretado que las cruces de los Oblatos fallecidos fueran entregadas a los nuevos Oblatos, manteniendo la unidad en su misión. El Padre  Courtès  deseaba conservar la cruz del difunto Padre Arnoux,  aparentemente impresionado por su santidad y no que fuera a ningún joven Oblato. Esto dio ocasión para que Eugenio confirmara su convicción de que todos los Oblatos que vivían fieles a la Regla, eran santos.

Casi estuve de acuerdo al leer tu pequeño alegato sobre la Cruz de nuestro P. Arnoux viendo que tus razones tenían fundamento, pero esa decisión acarrearía inconvenientes. Así que habremos de guardar un bosque de cruces en nuestras casas, pues espero que por la bondad de Dios todos los que mueran en la Sociedad lleguen al cielo pletóricos de méritos, tras haber edificado a sus hermanos y consagrado su existencia al servicio de la Iglesia y la santificación de las almas.

¿Cómo decidir quién era más santo, para conservar su Cruz como reliquia?

¿Quién juzgará el grado de heroísmo  por alcanzar para ser preferido, suponiendo solo se  otorgue a una notoria excelencia? ¿No tendrán algo de injusto esas distinciones en una Sociedad donde todos los miembros trabajan por hacerse santos, ejerciendo el mismo ministerio y practicando las mismas Reglas? No seré quien haga ese discernimiento. Considero que solo los milagros pueden marcar a alguien como excepcional. Estos probarán, no que quienes no los hagan sean menos santos, ni hayan vivido en menor bien, ni hayan muerto menos en el Señor, sino que Dios se complace en manifestar Su gloria a través de ellos, sobresaliendo  entre los demás predestinados a entrar al cielo por la pequeña puerta que se abre sin estrépito, o mejor dicho, sin brillantez.  Hasta ahora,  no veo que tengamos que hacer excepción alguna a la regla que establecí.

Carta a Hippolyte Courtès, Marzo 13, 1830, EO VII núm. 344

La entrega de la Cruz me hace pensar en Elisa recibiendo la capa del Profeta Elías como comisión para continuar su ministerio profético. ¿A cuántos Elías podemos recordar en la extensa Familia Mazenodiana, cuya inspiración y misión continuamos hasta hoy? Cuántos religiosos y asociados laicos “han entrado al cielo por la pequeña puerta que se abre sin estrépito” y siguen inspirándome. ¡Qué don!

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