ME COSTARÁ LA VIDA AMARLES COMO LES AMO

Una invitación a reflexionar en el precio que pago por amar a los demás.

Uno de los rasgos más fuertes del carácter de Eugenio era su capacidad de amar a la gente y expresar sus emociones. En su infancia estuvo muy apegado a los miembros de su familia, por quienes dijo habría dado su vida. Al fundar a los Oblatos, consideraba a cada uno como miembro de una nueva familia, de la que él era el padre. Con frecuencia, y hasta sus últimos días, encontramos expresiones de la relación entre Eugenio, padre y fundador, y de sus hijos Oblatos – todos le amaban de forma cálida y profunda.  Dichos sentimientos eran intensos especialmente con algunos de los primeros jóvenes Oblatos que se le unieron. Les había cuidado en su juventud y acompañado en su crecimiento y formación como Oblatos. Los conocía y amaba.

Ahora, en el lecho de uno de estos hijos, siente todo el infinito dolor de un padre al ver el sufrimiento y la muerte de un hijo.

No hay que sorprenderse mi querido Padre Guibert, si estoy retrasado contigo. Tu carta llegó en un momento tan doloroso, que se ha prolongado por tanto tiempo, que no he encontrado tiempo para escribirte. Hemos estado a punto de perder a nuestro P. Suzanne y ya son 17 días de estar entre el temor y la esperanza.
Esta vez ha sido un verdadero vómito de sangre, acompañado de una fiebre tenaz que no ha cedido ante los cuidados  más asiduos de la medicina…

Carta a Hippolyte Guibert, Noviembre 26, 1828, EO VII núm. 316

Escribe a otro de sus hijos Oblatos:

He hecho rezar aquí para que Dios nos conserve a este amado hermano; hagan lo mismo; el dolor que he sentido estos días ha sido tan vivo y constante que considero una especie de milagro el no haber sucumbido; he derramado muchas lágrimas, que creo me han ayudado. Sin embargo, me queda una fatiga extrema. Me costará la vida amarles como les amo. Aun así, no podría arrepentirme ni quejarme de ello. Adiós..

Carta a Hippolyte Courtès, Noviembre 15, 1828, EO VII núm. 314

 

“El dolor no es un desorden, una enfermedad ni una seña de debilidad. Es una necesidad   emocional, física y espiritual, el precio que pagas por amar. La única cura para el dolor es el sufrimiento.”   Earl A Grollman

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