{"id":770,"date":"2011-10-31T05:00:29","date_gmt":"2011-10-31T04:00:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eugenedemazenod.net\/esp\/?p=770"},"modified":"2011-10-30T09:01:03","modified_gmt":"2011-10-30T08:01:03","slug":"una-dificil-ceremonia-de-confirmacion","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.eugenedemazenod.net\/esp\/?p=770","title":{"rendered":"UNA DIF\u00cdCIL CEREMONIA DE CONFIRMACI\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p>Cuando la Iglesia de la Misi\u00f3n abri\u00f3 sus puertas al p\u00fablico en general, se hizo evidente el enojo de algunos de los pastores. En especial en el caso de los pastores galicanos, descontentos con la afinidad de Eugenio con Roma y el Papa. Algunos de ellos cooperaron con los gobiernos revolucionarios y juraron adherirse a Francia y no a la influencia de Roma. Aun cuando se retractaron despu\u00e9s de la ca\u00edda de Napol\u00e9on, Eugenio era visto por ellos como una se\u00f1al de contradicci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed lo expresaron al atacar a la Congregaci\u00f3n de la Juventud. Uno de los ejemplos proviene del 6 de abril de 1817, durante la confirmaci\u00f3n de 26 congregantes. Eugenio hace alusi\u00f3n a ello en su Diario, refiri\u00e9ndose a \u00e9l mismo en tercera persona, como el \u201cDirector\u201d:<\/p>\n<blockquote>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>Los j\u00f3venes congregantes que deben recibir el sacramento de la confirmaci\u00f3n entraron en retiro en la casa de la Misi\u00f3n tres d\u00edas antes, seg\u00fan la costumbre. Eran bastante numerosos y la Congregaci\u00f3n merec\u00eda bastante consideraci\u00f3n para que el Sr. Obispo de Digne tuviera la bondad de venir a confirmarlos en la capilla de la Congregaci\u00f3n, como no hab\u00eda tenido reparo en ir hasta el almac\u00e9n de los pordioseros. Razones lamentables, que no me atrevo a consignar aqu\u00ed por respeto a su persona, impidieron a ese Prelado acceder a la invitaci\u00f3n que le hizo el Director con el consentimiento de los Sres. Vicarios generales capitulares.<\/strong><\/h5>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>Fue preciso, pues, ir a la iglesia metropolitana donde el p\u00e1rroco de San Juan se desmand\u00f3 hasta llegar a insultar p\u00fablicamente al Director quien tuvo la dicha de contenerse y no responder nada a los ultrajes para no dar lugar a un esc\u00e1ndalo horrible en semejante reuni\u00f3n. Las quejas del Sr. cura de San Juan eran por haberse negado el Director a enviar a los congregantes a la parroquia para que se juntaran con los p\u00edcaros del rinc\u00f3n que hab\u00edan sido reunidos de prisa y a duras penas con motivo de la confirmaci\u00f3n.<\/strong><\/h5>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>El Director solo se hab\u00eda negado tras haber consultado al Sr. Vicario general, as\u00ed que estaba perfectamente en regla y no ten\u00eda por qu\u00e9 verse apostrofado de la manera m\u00e1s descort\u00e9s en medio del coro de San Salvador atestado de ni\u00f1os de todas las parroquias que estaban aguardando el momento de ser confirmados. El Director, al que el buen p\u00e1rroco dijo en voz alta que iba a ense\u00f1arle su deber, que le denunciar\u00eda ante el Promotor y otras lindezas por el estilo, asistido por una gracia especial, no contest\u00f3 nada y no hizo caso, pero como se hab\u00edan olvidado de reservar un sitio para los congregantes, aunque \u00e9l hab\u00eda tomado la precauci\u00f3n de avisar la v\u00edspera, acudi\u00f3 directamente al Vicario general para que tuviera a bien proveer. El Sr. Vicario general los hizo colocar alrededor del altar, donde estos j\u00f3venes que hab\u00edan sido tan cuidadosamente preparados dieron el espect\u00e1culo de una piedad encantadora que contrastaba fuertemente con la disipaci\u00f3n escandalosa de los otros ni\u00f1os a los que no lograban mantener en orden m\u00e1s que a bonetazos y bofetadas.<\/strong><\/h5>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>El desorden lleg\u00f3 a tal punto que, hacia la mitad de la Misa del Prelado, el Sr. Vicario general que le asist\u00eda se volvi\u00f3 hacia los sacerdotes y les orden\u00f3 en voz alta que cuidaran de sus ni\u00f1os y que hicieran cesar el alboroto. Los [26] congregantes, apenas recibido el sacramento de la confirmaci\u00f3n, se retiraron detr\u00e1s del altar mayor y all\u00ed quedaron hasta el final de la ceremonia. El Director les hablaba de vez en cuando para elevar sus corazones a Dios y apartarlos de las distracciones que pudiera ocasionarles el guirigay que hab\u00eda en la iglesia. Pero puede decirse que esta ayuda estaba casi de sobra: tan inclinados estaban ellos mismos al recogimiento, y tan atentos a rezar o a leer en el libro que se hab\u00eda tenido la precauci\u00f3n de procurarles. Puedo asegurar que ese d\u00eda se superaron.<\/strong><\/h5>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>El Director dio gracias por ello al Se\u00f1or, como por una compensaci\u00f3n que le hac\u00eda olvidar lo desagradable de la escena que se le hab\u00eda ofrecido por la ma\u00f1ana. No hay que olvidar anotar que los congregantes fueron casi los \u00fanicos que tuvieron la dicha de comulgar en la Misa del Sr. Obispo [&#8230;] Volvieron de dos en dos a la Misi\u00f3n, acompa\u00f1ados del Director y de otro misionero. Su retiro continu\u00f3 hasta la tarde [&#8230;].<\/strong><\/h5>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Diario de la Congregaci\u00f3n de la Juventud, el 6 de abril 1817, E.O. XVI<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando la Iglesia de la Misi\u00f3n abri\u00f3 sus puertas al p\u00fablico en general, se hizo evidente el enojo de algunos de los pastores. 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