Archive for marzo, 2019

LOUIS TOUSSAINT DASSY, UN OBLATO TALENTOSO Y PINTORESCO

A partir de aquí encontraremos con frecuencia nombres de Oblatos que tuvieron influencia en la vida y misión de la Congregación. Al mencionarlos por primera vez escribiré algo respecto a cada uno, para que al mencionar alguna carta a ellos tenga sentido y lo reconozcamos como miembro de la Familia Mazenodiana, en vez de solo un nombre. Hoy quiero presentarles al Padre Luis Toussaint Dassy.

Nació en Marsella y a los 20 años ingresó al seminario mayor, que era dirigido por los Oblatos, donde se unió a ellos. Fue ordenado un año después, en 1831. Debido a la Revolución de Julio de 1830, pasó sus primeros años como predicador de misiones parroquiales en Suiza.  Leeremos acerca de él a partir de 1834, tras su reciente llegada al Santuario de Notre Dame de l’Osier, quinta casa de los Oblatos.

 

Yvon Beaudoin nos dice: “Pronto manifiesta sus diferentes talentos: servicio a los peregrinos en el verano, misiones parroquiales, colaboración estrecha con el superior para la reparación del convento y la construcción de una posada para los peregrinos, composición de algunas obras de historia y de arqueología, etc. Inteligente, culto, emprendedor, tiene éxito en todos los campos y hace todo con rapidez.”

Este talentoso Oblato trabajó después en varias fundaciones en Francia hasta 1853, en que fue asignado al Calvaire en Marsella. Beaudoin continúa el relato:

Fundador del instituto de los jóvenes ciegos y de la Congregación de las Hermanas de María Inmaculada (1857)

En el curso de su apostolado en el Calvario y en sus predicaciones en Marsella, el padre Dassy encontró varios ciegos. Afirma contar más de 200 en la ciudad, muchos de ellos niños. Ya en 1853 quiere fundar una obra para ayudar a todos ellos. Expone su proyecto a Mons. de Mazenod el 29 de junio de 1857. Solicita ir a habitar en la comunidad oblata de Notre-Dame de la Garde y ocuparse de la obra con los jóvenes ciegos, a quienes desea establecer al pie de la colina. En unos años la obra prospera, se construye un gran establecimiento y se funda una congregación religiosa…

En efecto, el 17 de mayo de 1858 el padre Dassy, bien conocido por artículos en revistas y por algunas obras sobre la historia de la Iglesia y de los monumentos religiosos de Marsella, es elegido académico de Marsella. Ahí se une a su hermano mayor, José, pintor y conservador del museo de la ciudad. En 1866, tras haber dejado la Congregación, será nombrado secretario perpetuo de esa academia. En 1886 será condecorado con la cruz de la legión de honor.

Sin duda un hombre talentoso y pintoresco. Más detalles en: https://www.omiworld.org/es/lemma/dassy-louis-toussaint-es/

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AMO A MIS AMIGOS, TAN DIGNOS DE LLAMARLOS ASÍ

Otra mirada al corazón del Fundador y Superior General: Eugenio ama a los Oblatos y les considera sus amigos – de la misma forma como en otro momento escribió que Lázaro era amigo de Jesús.

… En resumen, aunque desee grandemente aumentar mi relación con quienes amo de corazón, ese sentimiento es tan dulce en mi alma que no podría quejarme, ni siquiera censurarlo; me gusta en mis amigos tan dignos de serlo, todo lo que son y lo que hacen; es un río que se desborda sin estragos, cuya abundante agua es sólo apta para regar y fertilizar…

Carta a Henri Tempier, Octubre 31, 1833, EO VIII núm. 472

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CORRECCIÓN FIRME Y GUÍA AMOROSA

El corazón de Eugenio muestra su preocupación: era severo cuando se requería corrección, aunque sin dejar de ser amoroso. Los dos jóvenes Oblatos a quienes se refiere habían sido ordenados sacerdotes solo unos meses antes.

Reprenda fuertemente a Gignoux. ¡Qué pena que con tanto talento se deje llevar por esa misticidad ociosa que le hará perder la cabeza, neutralizando todo para hacer el bien!
Cuide de no desanimar a Marcelino; no hay que hacerle sentir su medianidad, pues se paralizaría; tiene buenas cualidades, dele las condiciones para utilizarlas bien.

Carta a Henri Tempier, Octubre 29, 1833, EO VIII núm. 471

 

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PREOCUPACIÓN POR LOS MÁS JÓVENES

En las últimas semanas me he enfocado en los sucesos en torno a las dificultades entre Eugenio y el Gobierno francés. Durante el transcurso de todo ello continuó como Superior General de los Misioneros Oblatos.  Ahora volveremos en orden cronológico para recordar la relación con su Familia de Misioneros Oblatos.

Durante los meses de estancia de Eugenio en Roma, el Padre Tempier fue su Vicario, atendiendo los asuntos diarios de la Congregación. En la correspondencia entre ellos,  encontramos su atención paterna:

… Al hacer cambios siempre hay que considerar si no se perjudicará la tarea de quien se cambia… Nada mejor que cambiar a Pelissier [ed. Quien había sido ordenado 6 meses antes), quien tiene poco que hacer en Marsella, aunque dudo tenga fortaleza para soportar la soledad de Billens; su vocación es demasiado reciente para esa prueba…
Ha hecho muy bien en cambiar de aires al angélico Aubert; espero sea solo un respiro  que quiso darle y no algo necesario. Sigo preocupado por ese hijo, temo que la cantidad de  trabajo que realiza afecte su salud…
Estoy encantado con que Vincens vaya bien, ojalá haya algunos más como él.

Carta a Henri Tempier, Octubre 29, 1833, EO VIII núm. 471

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UNA CONCLUSIÓN DOLOROSA

El Papa y las autoridades vaticanas se encontraban manejando una delicada situación política con el Gobierno francés, pues veían el panorama completo al mantener relaciones entre la Iglesia y el Estado.  En el proceso, “sacrificaron” a Eugenio, quien escribió al Vaticano:

[…] Por no causar la menor pena al Santo Padre, he ordenado a mi abogado abandonar mi causa y retirar mi apelación… 

Eugenio se siente incomprendido y abandonado por la Iglesia, a quien había servido tan fielmente:

Mons. Cappaccini está muy tranquilo en el Quirinal, preocupándose poco por la magnitud del sacrificio hecho por un obispo que abandona sus derechos y sus armas ante un enemigo astuto y poderoso, que podrá abusar de su victoria y pisotearme a su antojo. 

Eugenio siempre había mostrado lealtad al Papa ante la feroz oposición, como  “ultramontano.”  La profundidad del sentido de abandono por parte del Vicario de Cristo, le lleva a escribir, con dolor, lo siguiente:

Le mando una copia de mi carta al Ministro de Cultos. Verá en ella que dejo todo y me abandono a la divina Providencia. Desearía añadir: «y a la benevolencia del Santo Padre», pero espero poco de su parte. El Santo Padre, según me parece,  no ha apreciado mi carácter ni mi servicio que me daban derecho a su protección, ni todo lo que he hecho en tiempos difíciles por la Iglesia romana, ni el afecto que me otorgaron León XII y Pío VIII.  
Si la persecución me obligara a exiliarme y retirarme a Roma, sé que no contaré   con el favor ni la simpatía: la recompensa me llegará de Dios Sentimos lo profundo de su sufrimiento en esta carta.Quisiera tener un corazón menos sensible: amaría menos, me ocuparía menos de muchas cosas que me llegan al fondo del alma, y sería feliz.  

Carta al Obispo Frezza, Secretario de la Congregación para Asuntos Extraordinarios en el Vaticano, Noviembre 28, 1834, EO XV núm. 175 

Beaudoin concluye su narración:“Pasa el invierno de 1834-1835 en Marsella; pero en la primavera, viendo su posición insostenible… parte para l’Osier y Nuestra Señora de Laus, donde permanecerá hasta finales de octubre.” (EO 8 páginas XXV-XXVI)

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UN AÑO DE AGONÍA

Yvon Beaudoin nos dice:

“Es el momento crucial del drama de Mons. de Mazenod. Él, tan romano, parece abandonado por la Curia, mientras la policía puede de ahí en adelante expulsarlo de Francia en cualquier momento y separarlo de todo cuanto le es querido: su tío Fortunato, Tempier, sus Oblatos, etc.  Con razón escribe Rey que el año de 1834 fue para el Fundador un año de agonía.” (EO 8 páginas XXV-XXVI)

Reconocemos su angustia en esta oración en su carta al Vaticano:

Quisiera tener un corazón menos sensible: amaría menos, me ocuparía menos de muchas cosas que me llegan al fondo del alma, y sería feliz.

Carta al Obispo Frezza, Secretario de la Congregación para Asuntos Extraordinarios en el Vaticano, Noviembre 28, 1834, EO XV núm. 175

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UN AÑO DE AGONÍA PARA EL FUNDADOR

Yvon Beaudoin continúa narrando:

“Mons. de Mazenod desistió entonces y se mostró lo menos posible en público. Sin embargo, presidía algunas ceremonias religiosas en Marsella y realizaba algunas visitas pastorales en la diócesis de Aviñón. Era aun demasiado.  Informan de todo ello a París y el Gobierno toma las medidas necesarias para obligarle a expatriarse, borrándolo de la lista de electores, como extranjero. El Obispo de Icosia se entera de la medida a principios de septiembre de 1834 y sin tardanza interpone una nueva apelación contra dicha decisión; además pone al corriente de la persecución a los Obispos de Francia. Por último, escribe a Roma para explicar el motivo de la reanudación de su proceso, a pesar de los consejos recibidos.
A nombre del Papa, Mons. Capaccini le contesta inmediatamente que renuncie de nuevo. La carta del Prelado contiene incluso algunas expresiones que dejan pensar que el Papa está descontento.”
Yvon Beaudoin EO 8 páginas XXV-XXVI

Eugenio escribió al Papa a través de su Cardenal Secretario de Estado:

Sin embargo, ya que Su Santidad no desea que utilice las declaraciones favorables de los obispos, renunciaré a ello.  Aun más: la pena que continuar el proceso entablado causa al Santo Padre, y mi deseo de abstenerme de todo cuanto pueda desagradarle, me llevan a desistir de mi apelación y que suceda lo que Dios quiera.  Todos los jurisconsultos a quienes consulté me garantizaban un resultado satisfactorio; al desistir, me someto al juicio inicuo contra mí y a las funestas consecuencias que pueda tener; pero ni las ventajas que se me prometían, ni los inconvenientes que debo temer, podrían hacerme vacilar cuando va en ello la voluntad o incluso un simple deseo del Jefe de la Iglesia. Anunciaré de inmediato mi desistimiento al Ministro francés, quien no podrá ya tener pretexto para eludir los reclamos de su Corte.  Solo me queda confiar en la benevolencia del Santo Padre, en cuyas manos pongo mi interés y mi honor.

Carta al Cardenal Thomas Bernetti, Secretario de Estado, Noviembre 19, 1834, EO XV núm. 174

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PARECERÍA ME HA SIDO IMPUESTO EN PENITENCIA POR EL PAPA

Al reflexionar sobre el período de conflicto por el cual atravesaba Eugenio, recordemos además el sufrimiento personal que experimentaba:  Perseguido por el gobierno, removido como Vicario General de su tío, el Obispo Fortuné en Marsella y sin el apoyo del Papa, quien se encontraba en una situación delicada, tratando de mantener la conveniencia política con el gobierno, por el bien de la Iglesia en Francia. En medio de todo ello estaba su sufrimiento personal.

El Gobierno francés había instrumentado la situación al intentar presionar al Papa para tomar acción contra Eugenio, a quien deseaban alejar de Francia. El mensaje de Eugenio al Papa fue:

Es por ello que no puedo aceptar salir de Francia; no me sería tan fácil el regreso como la última vez. Es además muy difícil condenarme a un exilio perpetuo para satisfacción de un gobierno.

En caso de que Eugenio no abandonara Francia, las autoridades presionarían al Papa para removerlo de Marsella.  Eugenio responde:

Tampoco estoy decidido a vivir fuera de Marsella, donde se encuentra actualmente la mayor parte de mi familia, donde soy como indispensable a mi tío, donde las mismas autoridades siguen tratando conmigo como si no hubiera dejado de ser reconocido como vicario general; realmente no se comprendería por qué tendría que ir a vivir a otra ciudad; esto causaría la peor impresión: parecería me ha sido impuesto en penitencia por el Papa, siendo mientras tanto perseguido por el gobierno, dando la impresión de no tener  que ver en el asunto sirviéndose del Sumo Pontífice para castigarme por no ser de su agrado.

La realidad del asunto era:

La verdad es que no soy hostil  al gobierno; no hago nada en su contra, aunque es cierto que no estoy muy entusiasmado con él.  Justamente porque no me involucro en absoluto  en política y soy inatacable en esto, hacen intervenir al Sumo Pontífice. Espero esta odiosa táctica no tenga resultado y pueda seguir en mi puesto…

 Carta al Barón D Papassian en Roma, Mayo 14, 1834, EO XV núm. 173

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CUANDO NO ES UNA CUESTIÓN NI DE PAZ NI DE GUERRA

Después de la estancia de Eugenio en Roma por cuatro meses, Yvon Beaudoin continúa narrándonos el conflicto entre las autoridades francesas y el Obispo de Mazenod:

Poco después de su regreso a Marsella en diciembre de 1833, el Obispo de Icosia decide defenderse ante los tribunales. El asunto avanzaba rápidamente, cuando a principios de  enero de 1834, el cardenal Bernetti hace escribir desde Roma una carta en la cual exhorta al Obispo a no continuar el proceso y vivir lo más posible en el retiro, conforme a la voluntad expresa del Gobierno. “La norma aquí, escribe el corresponsal romano, es totalmente independiente de la opinión personal que se tiene de usted. Se le considera  un obispo con todas las cualidades necesarias para hacer amar a la Iglesia en tiempo de paz, de hacerla temer en tiempos de guerra, de honrarla en ambos casos hasta con el martirio; pero no se le considera lo bastante flexible para agradar en un tiempo que no es ni de paz ni de guerra.

Yvon Beaudoin EO 8 páginas XXV-XXVI

Como consecuencia, el Obispo de Mazenod renunció a su acción legal, respondiendo a  Roma:

Dado que al Sumo Pontífice le acongoja la idea de este proceso ante los tribunales, renuncio  a obtener justicia por ese medio. Puede usted informar de mi resolución al respecto y que dejo todo en manos del Santo Padre.

Carta al Barón D Papassian en Roma, Mayo 14, 1834, EO XV núm. 173

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EL CONFLICTO ENTRE EL GOBIERNO FRANCÉS Y LA INDEPENDENCIA DE LA IGLESIA

Al seguir avanzando en el conflicto entre el Gobierno francés y Eugenio, hemos visto como fue llamado a Roma a mediados de 1833. Tal vez algunos de estos eventos sean confusos, por lo que Yvon Beaudoin nos recuerda los principales sucesos iniciados con la llegada de Eugenio a Roma.

Las autoridades romanas le descubren poco a poco la verdad: el Gobierno francés no lo quiere en Francia. A pesar del clima aparentemente sereno que reinaba en Marsella desde hacía un año, tanto el Prefecto, el Alcalde como las autoridades civiles y militares espiaban los gestos del Prelado, desnaturalizaban sus palabras, lo denunciaban a París acusándolo de actividades políticas, incluso tal vez de haberse involucrado en el asesinato del comisario central de la policía de Marsella.
En sus informes, el Embajador de Francia en Roma y el Internuncio de París habían presionado para que Gregorio XVI llamara al Obispo de Icosia a Roma, o lo enviara a África.
Mons. de Mazenod necesitaría cuatro meses para disculparse y lograr el permiso del Papa para volver a Francia a principios de diciembre de 1833, en contra de la voluntad del Embajador. “Una cárcel por otra, escribe el Obispo al P. Tempier el 8 de septiembre de 1833, prefiero mejor hacer frente a las amenazas de los Señores Ministros… Sin embargo… me hacen perder mi tiempo, dinero y salud. ¡Que Dios los perdone! pero me fastidian”.
Continúa trabajando junto a su tío, a pesar de no ser reconocido oficialmente como Vicario General de Marsella. En efecto, el Ministro de Cultos había escrito a Mons. Fortunato el 13 de septiembre de 1833: “Mons. de Mazenod, al no haber solicitado ni recibido la autorización del Gobierno para aceptar un obispado “in partibus”, se halla legalmente, según los artículos 32 y 33 de la Ley del 18 Germinal año X, en la imposibilidad de ejercer cualquier función eclesiástica en el reino y de seguir cumpliendo las de vicario general, que han debido cesar desde su instalación como obispo de Icosia. Por consiguiente, he debido ordenar al Señor Prefecto de las Bocas del Ródano, suspenda  cualquier orden de pago para él”.
Las afirmaciones del Ministro mostraban el problema en toda su gravedad: No era ya  sólo una cuestión personal entre Mons. de Icosia y el Gobierno, sino una cuestión de principio, en el cual la independencia de la Iglesia quedaba ignorada.

Yvon Beaudoin EO 8 páginas XXV-XXVI

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