Archive for enero, 2019

HACE 200 AÑOS: NOTA BENE –  LLENOS DE CONFIANZA EN DIOS

Uno de los primeros biógrafos de Eugenio, Alfred Yenveux, describe este pasaje como ser vestidos “de pies a cabeza en este sólido amor a la virtud” –en la impenetrable cota de malla de la armadura llevada por los soldados. Eugenio concluye con una llamada a la oblación, usando el vocabulario militar de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, con los cuales estaba muy familiarizado:

y luego, llenos de confianza en Dios, entrar en la liza y combatir hasta la extinción por la mayor gloria de Dios.

Regla de 1818 Capítulo primero, §3. Nota Bene. Missions, 78 (1951) p. 16

El vocabulario de esta lista de virtudes estaba en consonancia con la enseñanza que había recibido en el seminario. Quizás, si estuviera escribiendo hoy, debido al espíritu que inspira la lista, creo que el vocabulario de Eugenio hubiese estado cercano a la siguiente enumeración de virtudes:

“Ser pobres de espíritu… mansos… sacrificados… hambrientos de sed y de justicia… ser agradecidos… limpios de corazón… creadores de la paz… perseguidos por causa de la honradez…” Mateo 5, 3-12.

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HACE 200 AÑOS: NOTA BENE – VISTIENDO A SUS MISIONEROS DE PIES A CABEZA

“Solo después de haber revestido a sus misioneros como de pies a cabeza, Monseñor de Mazenod procede a decirles: luego, llenos de confianza….”

YENVEUX, A. Les saintes Règles de la Congrégation des Missionnaires Oblats de Marie Immaculée d’après les écrits, les leçons et l’esprit de Mgr. C.J.E. de Mazenod, Paris, 1903, vol. 1, p. 17

Para responder a la cuestión de lo que un Misionero debe hacer para llegar a ser un hombre apostólico –un cooperador del Salvador, Eugenio explica con detalle las “virtudes y ejemplos de nuestro Salvador Jesucristo”, las cuales deben “esforzarse en imitar”.

renunciar enteramente a nosotros mismos; mirar únicamente a la gloria de Dios, la edificación de la Iglesia y la salvación de las almas; renovarnos sin cesar en el espíritu de nuestra vocación; vivir en un estado habitual de abnegación y con la voluntad constante de llegar a la perfección, trabajando sin descanso por hacernos humildes, mansos, obedientes, amantes de la pobreza, penitentes, mortificados, desprendidos del mundo y de los parientes, llenos de celo, dispuestos a sacrificar nuestros bienes, talentos, descanso, la propia persona y vida por el amor de Jesucristo, el servicio de la Iglesia y la santificación del prójimo;

Regla de 1818 Capítulo primero, §3. Nota Bene. Missions, 78 (1951) p. 16

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HACE 200 AÑOS: NOTA BENE – LA ESCUELA DE JESÚS

En su Regla, Eugenio comparte su entusiasta visión que abarca al mundo entero. El modo para “llegar a ser” según este ideal es hacer lo que hizo Jesús:

Emplead, en una palabra, los mismos medios que empleó el Salvador, cuando quiso convertir el mundo, y tendréis los mismos resultados.

Observando lo que hizo Jesús, Eugenio comienza “lo primero de todo, formando un grupo”, teniendo como modelo el que Jesús formó con los apóstoles. Jesús había dado a los apóstoles un ideal, centrado en el Reino de Dios, el cual era imposible de alcanzar totalmente. Y les dio un encargo tan amplio como el mundo, que iba más allá de su capacidad de comprensión. Es por esto por lo que ellos necesitaban ser constantemente formados por el Espíritu Santo en la “escuela de Jesús”.

¿Qué hizo Nuestro Señor Jesucristo? Escogió a unos cuantos apóstoles y discípulos a los que formó en la piedad y llenó de su espíritu; y después de haberlos instruido en su escuela y en la práctica de todas las virtudes, los envió a la conquista del mundo, que pronto habían de someter a sus santas leyes.

Los Misioneros son cooperadores del Salvador al compartir su visión del Reino y necesitan que, constantemente, se les abra a los desafíos de un cambio de sociedad, para hacerlo de un modo efectivo.

¿Qué debemos hacer a nuestra vez para lograr reconquistar para Jesucristo tantas almas que han sacudido su yugo?

Eugenio había definido a los Misioneros como un grupo “que viven juntos y se esfuerzan por imitar las virtudes y los ejemplos de nuestro Salvador Jesucristo.”

Expresándolo de otro modo, a la luz del modelo apostólico, dice:

Trabajar seriamente por hacerse santos; caminar valerosamente por las huellas de tantos apóstoles que nos han dejado tan hermosos ejemplos de virtudes en el ejercicio de un ministerio al que somos llamados como ellos …

Regla de 1818 Capítulo primero, §3. Nota Bene. Missions, 78 (1951) p. 15

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HACE 200 AÑOS:  TENED SACERDOTES SÓLIDAMENTE VIRTUOSOS

Tened sacerdotes celosos, desinteresados y sólidamente virtuosos, y pronto atraeréis de nuevo a sus deberes a los pueblos extraviados..

Regla de 1818 Capítulo primero, §3. Nota Bene. Missions, 78 (1951) p. 15

En 1818, Eugenio estaba escribiendo esto para sus propios sacerdotes, los Misioneros. En 1826, este texto fue modificado en lo que hoy conocemos como el “Prefacio”, dirigido a todos los miembros de la familia Mazenodiana. Si queremos marcar la diferencia en este siglo XXI, debemos aplicar los mismos principios: la gente debe ser capaz de reconocer en la calidad de nuestras vidas lo que predicamos a los demás.

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25 DE ENERO DE 1816 – RECORDANDO LA HISTORIA DE LA FUNDACIÓN

Los tan importantes primeros días de vida comunitaria para los Misioneros eran, obviamente, una historia repetida a menudo con todo detalle. En sus memorias, el P. Tempier, lo describe como: “Este memorable día no lo olvidaré a lo largo de mi vida”.

Aquí Eugenio está escribiendo a los novicios y escolásticos que estaban en Billens, Suiza, para escapar de los peligros de la persecución antirreligiosa del gobierno de Luis Felipe. El narra la historia de los comienzos de su familia religiosa, y extrae una conclusión unida con el voto de pobreza y la llamada a la sencillez.

Mañana celebro en aniversario del día en que, hace dieciséis años, dejé la casa materna para ir a vivir en la misión. El P. Tempier había tomado posesión de ella unos días antes. Nuestro alojamiento no era tan magnífico como el castillo de Billens y, por desprovistos que estéis de cosas, más los estábamos nosotros. Mi catre estaba en el pequeño pasillo que lleva a la biblioteca, que entonces era una sala grande que servía de dormitorio al P. Tempier y al otro que ya no se halla entre nosotros. Era también nuestra sala de comunidad. Una lámpara era todo nuestro alumbrado y, cuando nos acostábamos se la colocaba en el umbral de la puerta para que nos sirviera a los tres.
La mesa que adornaba nuestro refectorio la formaban dos tablas, colocadas sobre dos viejos toneles. Nunca hemos tenido la dicha de ser tan pobres desde que hicimos voto de serlo. Sin saberlo, aquello eran los preludios del estado perfecto en el que vivimos tan imperfectamente. Adrede apunto esta especie de indigencia muy voluntaria, ya que hubiera sido fácil acabar con ella trayendo lo que hiciera falta de la casa de mi madre, para deducir que Dios nos dirigía desde entonces y muy atinadamente, sin que pensáramos todavía en los consejos evangélicos que íbamos a profesar más tarde. Practicándolos es como hemos conocido su valor.
Os aseguro que no perdíamos nada de nuestra alegría; al contrario, como ese nuevo modo de vivir contrataba tan al vivo con el que acabábamos de dejar, nos reíamos con gana a menudo. Debía este buen recuerdo al santo aniversario de nuestro primer día común. ¡Qué feliz sería si lo continuara con vosotros!
Carta a Jean-Baptiste Mille et a los novicios et escolásticos, el 24 de enero 1831, E.O. VIII n.383

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