Archive for noviembre, 2018

HACE 200 AÑOS: QUIÉNES FUIMOS

El primer artículo de la Constitución de cualquier grupo es siempre el que define el propósito y la naturaleza jurídica del grupo. El primer parágrafo de Eugenio hace exactamente esto.

El fin del Instituto de los llamados Misioneros de Provenza

Hasta 1826 fuimos conocidos como los Misioneros de Provenza, antes de cambiar al nombre de Misioneros Oblatos de María Inmaculada.

es en primer lugar formar una reunión de sacerdotes seculares que viven juntos

Nuestra vocación es siempre la comunidad según el modelo de Jesús y los apóstoles.

y se esfuerzan por imitar las virtudes y los ejemplos de nuestro Salvador Jesucristo

Desde la experiencia de conversión de Eugenio centrada en Jesucristo Salvador estamos unidos y nuestro centro es el Salvador.

principalmente a predicar a los pobres la palabra divina.

Regla de 1818, Parte Primera, Capítulo Uno. Los fines del Instituto, §1 la predicación de la Palabra de Dios a la gente. Missions, 78 (1951) p.11

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HACE 200 AÑOS:  REGLAS DE CONDUCTA QUE REÚNEN A TODOS LOS MIEMBROS QUE LA COMPONEN EN UNA PRÁCTICA UNIFORME Y EN UN ESPÍRITU COMÚN

Llegar a ser plenamente lo que presentan los ocho puntos del retrato robot del párrafo de apertura es el objetivo y el resultado de vivir de un modo totalmente acorde a la Regla. No solo individualmente, puesto que la Regla ofrece una clara identidad, unidad y fuerza a todo el cuerpo de Misioneros, y asegura su continuidad y sus frutos en las vidas de aquellos a los que se dirige su ministerio.

El ejemplo de los santos y la razón nos prueban claramente que es necesario, para mantener el buen orden en una sociedad, fijar ciertas reglas de conducta que reúnen a todos los miembros que la componen en una práctica uniforme y en un espíritu común: eso es lo que constituye la fuerza de los organismos, mantiene en ellos el fervor y asegura su permanencia.

Avant propos, Règle de 1818, Missions, 78 (1951) p.11

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HACE 200 AÑOS: UNA PREPARACIÓN PARA LA RESPONSABILIDAD

La vocación y la vida del Misionero estaba presentada, en términos entusiastas, en el primer párrafo del prólogo, y los miembros era exhortados a permitir ser ellos mismos transformados por estos grandes ideales. Ahora Eugenio continua mostrando que esta transformación no es un don caído del cielo, sino que es necesario trabajar para llegar a ese estado. La ruta está trazada claramente y sin error en la Regla:

Para llegar a este fin tan deseable, deben también aplicarse con el mayor cuidado a tomar los medios más aptos para llevarlos al fin que se proponen y no apartarse nunca de las reglas prescritas para asegurar el éxito de su santa empresa y mantenerlos a ellos mismos en la santidad de su vocación.

Avant propos, Règle de 1818, Missions, 78 (1951) p.11

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HACE 200 AÑOS: UN RETRATO-ROBOT DE OCHO PUNTOS

Al escribir la Regla de 1818 Eugenio quería poner por escrito el espíritu de los Misioneros tal como ellos mismos lo habían experimentado durante tres años. Su objetivo era que otros pudieran ser transformados por el mismo espíritu, siguiendo esta regla de vida. El prólogo contiene algunos de los elementos importantes de nuestra vocación y puede ser descrito como un retrato robot de ocho puntos, todavía válido para nosotros hoy.

1/ Si los sacerdotes a quienes Dios ha dado el deseo

Uno llega a ser un Misionero (o a unirse a la familia Mazenodiana) como una respuesta a un deseo puesto en nosotros por Dios. Este es el pre-requisito absoluto de nuestra vocación.

2/ de reunirse en comunidad

La primerísima respuesta a la llamada de Dios es llegar a formar parte de una comunidad. De ahí que Eugenio acentuase que no somos “soldados solitarios”.

3/ para trabajar más eficazmente por la salvación de las almas

Juntos, como un cuerpo unido, seremos capaces de poner en común nuestros talentos y esfuerzos, de modo que podamos alcanzar más lejos para traer a otros al Reino.

4/ y por su propia santificación

El Misionero es un cooperador del Salvador y él necesita, lo primero de todo, nuestro trabajo, para nuestra propia salvación, de modo que podamos invitar a otros a compartir nuestra propia experiencia del Reino.

5/ quieren hacer algún bien en la Iglesia

La vocación del Misionero está siempre en el contexto de la Iglesia. Él actúa en el nombre de la Iglesia, como parte de la misión de la Iglesia.

6/ deben antes convencerse profundamente del fin del Instituto que van a abrazar,

Cada uno ha de ser consciente, constantemente, del propósito y del espíritu de los Misioneros, y estar convencido de los fines de la Congregación. Ésta no es un lugar para que cada cual “realice sus propias cosas”, aunque sean muy excelentes.

7/ deben convencerse profundamente de la grandeza del ministerio al que son llamados

El Misionero necesita entender la importancia de lo que está llamado a realizar y de su dignidad como un cooperador de Jesucristo.

8/ deben convencerse profundamente de los inmensos frutos de salvación que pueden resultar de sus trabajos, si los desempeñan dignamente.

El Misionero necesita ser plenamente consciente de las riquezas que está ofreciendo a través de su predicación y sus actos, y de cómo éstas pueden cambiar la vida de los demás.

El texto completo:

Prólogo
Si los sacerdotes a quienes Dios ha dado el deseo de reunirse en comunidad para trabajar más eficazmente por la salvación de las almas y por su propia santificación, quieren hacer algún bien en la Iglesia, deben antes convencerse profundamente del fin del Instituto que van a abrazar, de la grandeza del ministerio al que son llamados y de los inmensos frutos de salvación que pueden resultar de sus trabajos, si los desempeñan dignamente.

Missions, 78 (1951) p.11

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HACE 200 AÑOS: COMPROMISO A TRAVÉS DE LOS VOTOS

La fórmula utilizada por Eugenio fue:

En nombre de Nuestro Señor Jesucristo, en presencia de la Santísima Trinidad, de la Santa Virgen María, de todos los Angeles y todos los Santos
y de todos mis hermanos aquí reunidos,
yo, Carlos José Eugenio de Mazenod,
profeso, prometo a Dios y hago voto de castidad y obediencia perpetuas;
juro igualmente y hago voto de perseverar hasta la muerte en el santo instituto y sociedad de los Misioneros llamados de Provenza. Así Dios me ayude.
Eugenio de Mazenod, sacerdote misionero.

Fórmula de oblación, el 1 de noviembre 1818, E.O. XV, n.149

Los que la Regla de Vida Oblata actual refiere acerca del primer compromiso de los novicios, se trata de una aplicación directa del sentir del primer compromiso de Eugenio y sus compañeros en 1818.

La etapa del noviciado concluye con el compromiso, libre e impregnado de fe, en la Congregación. Tras haber experimentado el amor del Padre en Jesús, el novicio consagra su vida a manifestar ese amor. Confía su fidelidad a aquél cuya cruz comparte y en cuyas promesas espera.

CC&RR Constitución 59

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HACE 200 AÑOS: EL DÍA DE OBLACIÓN: DEDICACIÓN A HACER VISIBLE EL AMOR DE DIOS

El Día de Todos los Santos ha llegado: desde las tres de la mañana, todos los que conformaron el Capítulo están despiertos; antes de las cuatro están todos en la capilla rezando frente al altar, preparándose para el más hermoso y reconfortante de todos los sacrificios.

Mémoires de Suzanne y Moreau en Rambert, I, 290-291.

Leflon narra:

Debe haber sido sin duda un día de gran satisfacción para el Padre de Mazenod. El 1° de noviembre de 1818, después de recibir la autorización pertinente de Guigou, pronunció sus votos de castidad, obediencia y perseverancia, en la presencia de Fortuné [ed. el voto de pobreza fue incorporado unos años después]; durante la Misa que siguió, aceptó los votos de los Padres Maunier, Mie, Tempier y Moreau, así como de los hermanos escolásticos Dupuy, Courtès y Suzanne.

Leflon 2, pág. 169

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HACE 200 AÑOS: HAGAN LO QUE ÉL LES ORDENE

En su oración, Eugenio se vuelve ahora a María, pidiéndole le acompañe al vivir sus nuevas responsabilidades.

Virgen María, mi Madre querida, si os invocara más a menudo, no tendría tanto que lamentarme de mí.
Ayudadme, Madre, con vuestra poderosa intercesión a cumplir todos los deberes que vuestro Hijo me ha impuesto,
de un modo muy distinto de como lo he hecho hasta ahora, para que con vuestra ayuda encuentre mi recompensa en cumplirlos como es debido
y, tras haberlos cumplido, una recompensa todavía mayor en el cielo adonde os suplico me atraigáis cuando sea menos indigno de entrar.

Retiro de un día, durante el retiro de la comunidad, el 30 de octubre 1818,
E.O. XV n. 148

 

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HACE 200 AÑOS: DE MI FIEL LIDERAZGO DEPENDE LA SALVACIÓN DE MUCHOS

Los votos y oblación modificaron la naturaleza del compromiso que Eugenio y los Misioneros estaban por realizar. No se trataba ya de una membresía temporal que pudiera darse por concluida de cansarse de ella – ahora estarían comprometidos a este ideal y forma de vida para el resto de sus días.

En vista de ello, Eugenio se dio cuenta con más fuerza aún que de su papel de líder dependería no sólo el bienestar del grupo, sino la salvación de quienes estuvieran a su cuidado.

No sin espanto considero las obligaciones enormes que el Señor me ha impuesto al confiarme un ministerio tan extenso y tan importante.
¡Cómo! de mi fidelidad a corresponder a las gracias de Dios, ya que este auxilio es siempre proporcionado a las necesidades, depende quizá la salvación de una infinidad de almas.
Si soy fervoroso, la comunidad al frente de la que estoy, lo será más y poblaciones enteras se beneficiarán de ese incremento de celo y de amor.
Si en cambio soy flojo, la comunidad padecerá un detrimento notable y los pueblos serán víctimas de ello, y mientras que yo debía atraer sobre los unos y los otros infinidad de gracias de perfección o de conversión, el día del juicio se alzarán todos contra mí para pedirme cuenta de los tesoros de que los he privado por mi culpa.

El pensar en ello le atemoriza:

Confieso que este pensamiento es tan temible que habría sido tentado a sucumbir ante el desaliento y renunciar a trabajar por la salvación de mi prójimo.

Aun así, todas las experiencias por las que ha atravesado desde la fundación de los Misioneros tres años antes, le convencen de estar haciendo lo que Dios desea.

Pero me he convencido de que este partido no era el más seguro, pues como el Señor me ha manifestado su voluntad ya por la voz de los superiores, ya por los éxitos con que, a pesar de tantos obstáculos y oposiciones, ha coronado todas las obras que me había confiado, no podría escapar a la condenación que temo retirándome del combate, volviendo a la apacible soledad por la que suspiro.

Retiro de un día, durante el retiro de la comunidad, el 30 de octubre 1818,
E.O. XV n. 148

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HACE 200 AÑOS: APRENDIENDO A SERVIR A DIOS EN EL PROJIMO

Los eventos de los años anteriores le llevaron a comprender que vivir “todo por Dios” le acerca no a un estilo de vida monástico contemplativo, sino al servicio de Dios en el prójimo:

que me consagre de nuevo y para siempre al servicio del prójimo, pero que me olvide menos de mí mismo, que vele más por mi vida interior, que no me deje absorber del todo por las obras del celo exterior, es decir, en una palabra, que trabaje a la vez por la salvación de los otros y por mi propia santificación.

La gracia de Dios le ha transformado, así sus oraciones son para que la gracia de Dios no sea en vano:

Dios mío, la falta es solo mía, pues vuestra gracia no cesa de prevenirme y de estimularme y me acompaña siempre.
Haced, Señor, que yo sea más dócil a seguir sus impulsos,
más atento a escuchar sus inspiraciones
y más fiel a poner en práctica las resoluciones que me dicta.

Retiro de un día, durante el retiro de la comunidad, el 30 de octubre 1818,
E.O. XV n. 148

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HACE 200 AÑOS: UNA ORACIÓN POR LA REALIDAD

En vísperas de contraer un gran compromiso para el resto de mis días, vuelvo a entrar en mí mismo…

Así inicia el diario de Eugenio para la oración del día en preparación a la oblación de por vida que iba a realizar, como religioso con votos.

Al adentrarse en la auto-evaluación, continuamente aborda el tema de sus retiros en los años anteriores: su carencia de enfoque como resultado de extralimitarse en sus compromisos y actividades.

En vísperas de contraer un gran compromiso para el resto de mis días, vuelvo a entrar en mí mismo para humillarme ante Dios del poco progreso que he hecho en las sendas de la perfección, para gemir amargamente por la dificultad que siento para salir del estado habitual de tibieza en que he caído desde que, obligado por mi deber a ocuparme mucho de los otros, me he olvidado casi por entero de mí mismo.

Retiro de un día, durante el retiro de la comunidad, el 30 de octubre 1818,
E.O. XV n. 148

Encuentra tibieza en él a la luz de los fuertes ideales expresados previamente en los momentos culminantes de su vida – siempre ligados a la gracia del deseo de estar centrado en Dios por completo.

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