Archivo por meses: agosto 2018

SÓLO TENGO A ESTE BUEN MAESTRO COMO CONFIDENTE

Eugenio había sido llamado a Roma para ser ordenado obispo, adonde llegó el 15 de agosto. Ahora, seis semanas después, seguía esperando que el Papa finalizara el nombramiento oficial. Se encontraba frustrado e inactivo en Roma, mientras había tanto trabajo pendiente en Francia.

… Creo que mi obediencia y resignación están puestos a dura prueba. ¡Cuantas veces he tenido la tentación de marcharme!; casi hubiese visto ventajas; pero el respeto a quien corresponde, la deferencia por la voluntad de a quien debemos todos someternos, el mérito de ese sacrificio y ofrecer a Dios un homenaje diario de la propia voluntad, superan los pequeños caprichos de la parte inferior del alma, que se rebela…

Carta a Hippolyte Courtès, Septiembre 27, 1832, EO VIII núm. 433

Luego comenta cómo pasaba cada día. Su habitación estaba cerca de la capilla de la casa y del Santísimo Sacramento, donde podía pasar tiempo en oración.

Sabes que agradezco mucho habitar bajo el mismo techo que Nuestro Señor. Tengo a mano  consolarme ante él de mi inquietud, que se agrava cada día y siempre necesito un nuevo consuelo; a decir verdad, solo tengo a ese buen Maestro como confidente. Me cuesta aceptar un retraso tan prolongado.

Carta a M. Cailhol, Septiembre 27, 1832, EO XV núm. 164

EL PAPA ACCEDE AL PLAN DE HACER OBISPO A EUGENIO DE MAZENOD

Como hemos visto, la táctica del Obispo Fortuné para poner a salvo la vida pastoral de la diócesis de Marsella – al entrar en vigor la amenaza del gobierno de suprimir la diócesis – fue que su sobrino Eugenio fuera nombrado obispo, para asegurar la continuidad de las confirmaciones y las ordenaciones.. (Referencia a la entrada anterior http://www.eugenedemazenod.net/?p=3701 y también en el “Diccionario Histórico Oblato” https://www.omiworld.org/es/lemma/icosia-obispo-de-es/para el antecedente.)

El Obispo Fortuné había enviado al P. Tempier a Roma para arreglarlo con el Papa, quien accedió al plan y envió llamar a Eugenio a Roma, donde sería ordenado obispo.
Eugenio nombró al Padre Courtès Vicario General de los Oblatos durante su ausencia y salió hacia Roma, adonde llegó a mediados de agosto. En su carta, le comenta sobre los últimos sucesos (refiriéndose a él mismo en tercera persona, para evitar a los censores del gobierno).

Debes haber recibido noticias sobre mí en Marsella, mi muy querido, recomendación que he hecho en todas mis cartas. Esperaba estar asentado en esta capital para escribir, y al corriente de algunos asuntos que se refieren a las personas que conoces.
Antes de ver a nuestro Santo Padre, supe que su intención era lo que te había comentado. Es su idea y voluntad, confirmándola de viva voz en la audiencia que me concedió anteayer,  que duró cerca de tres cuartos de hora…

El Santo Padre me manifestó del modo más amable su intención hacia la persona por la que se interesa tanto. Me dijo se estaba ocupando de los medios más convenientes para lograr su fin. Hizo halagos, que en boca del Jefe de la Iglesia, quien las recibe en espíritu de fe, ve a Jesucristo en su Vicario. Comprendes que no podía decir nada, aunque había que armarse de paciencia en este asunto, como en cuantos se tratan aquí.

Carta a Hippolyte Courtès, Agosto 29, 1832, EO VIII núm. 428

IMPOSIBLE PROHIBIR EL FERVOR RELIGIOSO DE LA GENTE

Era costumbre en Marsella realizar una procesión pública en honor del Sagrado Corazón. Ese año el gobierno local había prohibido todas las procesiones religiosas públicas.

… Necesitaba su consuelo en la aflicción que me causó la prohibición arbitraria de las procesiones, después de que todo estaba previsto para que Nuestro Señor fuese honrado como es debido. Puesto que lee “La Gazette”, olvidaron subrayar la cita de la carta del Prefecto y omitieron el último párrafo, donde Monseñor anunciaba lo que haría como compensación por la supresión obligada de la procesión del viernes, fiesta del Sagrado Corazón. Ese día celebrará una misa en la catedral, a la que todas las almas fervorosas serán invitadas a comulgar.

A Henri Tempier, Junio 25, 1832, EO VIII núm. 426

A pesar de la hostilidad del gobierno, no podía extinguirse el fervor religioso de la gente de Marsella. Eugenio describe:

Sabe como han sido las cosas aquí, pero lo que los periódicos no habrán podido decirle nunca, es la belleza, lo enternecedor, lo divino de nuestra fiesta del Sagrado Corazón que celebramos el día que en Roma celebraron la fiesta de San Pedro. Monseñor dio la comunión durante dos horas y cuarto. La catedral se encontraba llena y todos se acercaron a recibir la Comunión. La tarde era magnífica. Hicimos lo mejor posible para compensar a nuestro Salvador del ultraje que había recibido.

A Henri Tempier, Julio 9, 1832, EO VIII núm. 427

AHORA TODO ESTÁ AGITADO, LAS SOSPECHAS RECÍPROCAS ALTERAN LA ARMONÍA

En una carta a Henri Tempier, quien se encontraba en Roma, Eugenio da una idea de la turbulencia política en Marsella y de la difícil situación en la que se encontraba como Vicario general de la diócesis.

… Ahora todo está agitado, las sospechas recíprocas alteran la armonía. Las tropas hacen demostraciones hostiles en forma contínua, lo que ha dado motivo a una protesta aislada de las más sorprendentes.

En la Revolución de 1830, Louis Philippe había usurpado el trono del heredero legítimo (algo con lo que no concordaba Eugenio el “legitimista”). La duquesa de Berry era la esposa de quien debía haber sido rey y al desembarcar en Marsella, había ocasionado tensión política. Sus fanáticos decidieron ondear la bandera blanca de la monarquía legítima en el campanario de una iglesia – involucrando a Eugenio, quien trataba de mantener una apariencia de calma en la diócesis, tras el delicado asunto.

A tres hombres se les ocurrió dar el golpe izando una bandera blanca en lo alto del campanario de San Lorenzo. Me pregunto todavía si quienes concibieron tal proyecto tan radical no merecen más bien el manicomio que la cárcel, donde se les tiene incomunicados.

A Henri Tempier, Mayo 6, 1832, EO VIII núm. 421

Publico este extracto, pues da una idea de la delicada situación en la que se encontraba la Iglesia debido a la actitud anti-religiosa del gobierno de Louis Philippe y nos ayuda a comprender lo que Eugenio estaba viviendo.

UNA CARTA QUE CAMBIÓ LA VIDA

Tal vez nos sorprenda ver cuán corto es el texto de San Eugenio hoy en día. Aun así, detrás de sus palabras yace una realidad que marcaría la diferencia y cambiaría la vida de Eugenio hasta su muerte 29 años más tarde.

El Papa aceptó la solicitud y Eugenio se convirtió en obispo, dando inicio a una tormentosa relación con el gobierno francés, mucho sufrimiento en lo personal y finalmente un notable período de liderazgo pastoral y de amor por los más abandonados de Marsella, la segunda ciudad más grande de Francia en esa época.

Es en Roma donde le veo …

Carta a Henri Tempier, Mayo 14, 1832 EO VIII núm. 422

Yvon Beaudoin nos comenta:

“A principios de 1831, el consejo municipal de Marsella había autorizado una votación acordando suprimir la sede episcopal a la muerte del titular. El Obispo Fortuné de Mazenod de 84 años de edad, escribió al Papa, el 11 de marzo de 1832:

“Santo Padre, me encuentro ya en una avanzada edad y no contemplo la vana esperanza de que Dios me conceda vida por mucho tiempo …. No es la cercanía de la muerte lo que me agobia: mi peregrinar ha durado ya lo suficiente…. ¿Pero qué será de mi pobre diócesis de Marsella, que su predecesor Pío VII restauró tan recientemente de su deplorable situación? … La preocupación es lo que ocupa este pensamiento.

Dios me ha inspirado: que su Santidad me concediera, no un obispo coadjutor, lo que es imposible, además de que no deseo que el gobierno se vea involucrado en este asunto en absoluto, sino un obispo “in partibus”, alguien que gozara de mi confianza, la de mi clero y mi feligresía. Tal obispo sería un solaz durante el poco tiempo que me quede de vida en el ejercicio de mi ministerio, y que a mi muerte fuera el apoyo de mi rebaño, la esperanza de mi clero, y el apoyo principal de todas mis instituciones.

Tengo en mente a alguien que ya es mi vicario general y a quien sin duda mi Capítulo nombrará vicario capitular, a quien todos los miembros respetan y tienen en alta estima. De esta forma podrá gobernar la diócesis con los poderes de un ordinario. Su celo animará a todos, su presencia sostendrá todo el bien que ya ha logrado y administrará el sacramento de las santas órdenes, para asegurar la continuidad ininterrumpida del sacerdocio, esperando el momento en que mejores tiempos permitan a Su Santidad, nombrar al sucesor que elija para mi iglesia…”

El Obispo Fortuné envió al Padre Tempier a Roma para asegurar el éxito del proyecto.”