Archivo por meses: mayo 2018

LES ANIMO A LEER LAS REGLAS – TAL VEZ QUEDEN SORPRENDIDOS CON LO QUE HASTA AHORA NO HAN VISTO

Al finalizar su retiro, Eugenio volvió a su responsabilidad como Superior General de los Oblatos.  Da respuesta a uno de los reportes regulares de un superior, sobre el estado de la comunidad a su cargo.

Mí querido P. Cortés: me han agradado mucho tus dos últimas cartas. Quiero comentar aquellas en las que expones las disposiciones de tu comunidad, y las tuyas en particular. La que recibí después de mi retiro me ha dado mayor consuelo, puesto que acababa de reflexionar muy seriamente sobre lo que tanto te ha emocionado.

Una vez más comparte la experiencia de su provechoso retiro acerca de las Constituciones y Reglas Oblatas, y su significado.

Tal vez nunca haya apreciado tanto el valor de la gracia que Dios nos ha dado y jamás había estimado tanto los medios que ha proporcionado a la Congregación para servirle bien y santificarnos.
Los que no aprovechen cargarán con su culpa. Te ruego expreses a todos nuestros Padres la satisfacción que he tenido al leer lo que me decías de ellos. Los animo a leer las Reglas con la misma atención con que yo acabo de hacerlo, y tal vez queden sorprendidos con lo que hasta ahora no han visto.

Carta a Hippolyte Courtès, Noviembre 4, 1831, EO VIII n 407

Doscientos años después de que Eugenio escribiera la Regla de Vida Oblata, todos somos invitados, como miembros de la Familia Mazenodiana,  a volver a la fuente de nuestro carisma y espiritualidad, permitiéndonos ser sorprendidos por lo que Dios desea comunicarnos a través de ella.

TODOS LOS QUE HAN EJERCIDO EL MISMO MINISTERIO QUE TÚ, HAN SENTIDO LA MISMA ANGUSTIA

Jean Baptiste Mille tenía 31 años y había sido ordenado 18 meses antes. Ahora se encontraba en Billens, como superior del escolasticado y maestro de novicios. Los sucesos políticos en Francia habían llevado a Eugenio a no tener opción, sino encomendarle dicha responsabilidad.  No es de sorprender que le angustie la tarea formativa que debe realizar en las vidas de quienes están bajo su cuidado por tan breve tiempo.

Lejos de encontrar largo el tiempo de preparación, hay que reconocer no es suficiente para despojarse del hombre anterior, adornar su alma con todas las virtudes necesarias  y disponerse a ofrecer a Dios una ofrenda lo menos indigna posible..

Eugenio le ofrece consuelo paternal y consejo:

Predica la humildad, la desconfianza de tí mismo e inspira un gran deseo de perfección, por mucho que cueste lograrlo. La tarea que te ha sido encomendada es una de paciencia, con frecuencia sembrada de penas. No importa, la obediencia hace fácil lo que sería abrumador para la naturaleza dejada solo a sus fuerzas. Supera el mal con el bien; nunca pierdas el ánimo, todos los que han ejercido el mismo ministerio que tú, han sentido la misma angustia. Pide a Dios su luz, haz bien todo cuanto dependa de ti para lograr el éxito, abandónate  a la divina Providencia sin angustia ni inquietud, quien no abandonará a quienes dejan en ella su esperanza.

Carta a Jean Baptiste Mille y a los Padres y Hermanos en Billens, Noviembre 3, 1831, EO VIII n 406

Bellas palabras para quienes han recibido la encomienda del desarrollo de los jóvenes: padres, maestros, formadores, directores espirituales, pastores… “encomiéndate con un corazón tranquilo y sin angustia a la divina providencia, quien no abandonará a quienes dejan en ella su esperanza.”

BEATO JOSÉ GÉRARD OMI , EL “APÓSTOL DE LESOTO” – MEMORIA: 29 DE MAYO

El Padre José Gerard nació cerca de Nancy, Francia, en el pueblecito de Bouxières-aux-Chénes el 12 de marzo de 1831. Pasó su infancia en la granja familiar y con la ayuda del párroco pudo comenzar sus estudios para el presbiterado.

Durante los dos años que estuvo en el seminario de Nancy, se quedó impresionado por las narraciones de los trabajos misioneros y en 1851 se unió a los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Fue ordenado diácono por el fundador, san Eugenio de Mazenod quien envió a José Gerard a la misión de Natal en África del Sur a la edad de 22 años.

En mayo de 1853 el diácono José Gerard llegó a su territorio misionero y nunca más regresó a Francia. El 19 de febrero de 1854 fue ordenado presbítero en Pietermaritzburg, África del Sur, y comenzó su misión con el pueblo Zulú. A pesar de sus esfuerzos, su ministerio entre los zulúes no tuvo un fruto inmediato y, con un sentimiento de decepción grande, se dirigió en 1862 al reino de Lesoto para anunciar el Evangelio al pueblo Basoto. P. Gerard trabajó y rezó durante más de dos años antes de conseguir su primer catecúmeno basoto. Incluso después de esto el progreso fue muy lento. Sin embargo, más y más gente escuchó el mensaje de Cristo en estos primeros años y vino a la iglesia. En cinco años desde que llegara estableció la primera estación misionera en Roma. Hoy este lugar tiene muchos noviciados y seminarios, una Universidad fundada por los Oblatos, escuelas superiores, muchas casas religiosas y un hospital, todo ello como herencia de este excepcional hombre de Dios.

En todos sus años en Lesoto hay que destacar la preocupación y la atención del P. Gerard por los enfermos y ancianos. A pesar de las distancias, del tiempo, de los inconvenientes, él salió siempre, a pie o a caballo, llevando el Santísimo Sacramento y sirviendo a todos los afligidos. Su profunda devoción a María fue absorbida por sus primeros convertidos y desde sus días la nación ha sido dedicada a María inmaculada.

Los últimos años de vida del P. Gerard los paso de regreso en su primera misión, en Roma. Algo más de un mes antes de su muerte, él montaba a caballo y subía a las montañas atendiendo a aquellos en necesidad. José Gerard murió el 29 de mayo de 1914. Tenía 83 años.

En una de sus notas de retiro el P. Gerard desveló la clave de su constancia escribiendo sobre la gente a la que servía: “debemos amarlos, amarlos a pesar de todo, amarlos siempre”. Vivió esta convicción en la alegría de propagar la Palabra de Dios a pesar de las fuertes oposiciones que encontró.

https://www.omiworld.org/es/nuestro-carisma/nuestros-santos/causas-oblatas/beato-joseph-gerard-1831-1914/biografia/ 

HAY QUE HACER SITIO PARA QUE EL SEÑOR CONSTRUYA

Me disgusta que Bernard no aprecie más la ventaja de la vida y los ejercicios del noviciado. Que no se engañe, ahí está la base de todo el bien que está llamado a hacer

La falta de cooperación al principio de Jean Bernard como novicio, cambió poco después, y de hecho, sirvió de base para una vida misionera sobresaliente. O mejor dicho, permitió a Dios construir el cimiento, de acuerdo al proceso descrito por Eugenio:

Hay que empezar por renunciar a sí mismo; hay que hacer sitio para que el Señor construya. Nuestro barro no sirve para cimiento del edificio. La abnegación, la humildad y luego la santa indiferencia para cuanto el Señor quiera de nosotros y cuyo conocimiento nos transmite por voz de los superiores, ese es el tesoro escondido en la soledad del noviciado. ¡Dios mío, que mal se conoce quien espera hacer algo sin eso! El celo más ardiente sólo producirá humo de orgullo.

Carta a Jean Baptiste Mille y a los Padres y Hermanos en Billens, Noviembre 3, 1831, EO VIII n 406

 “Nuestro barro no sirve para cimiento del edificio” – necesitamos aceptarlo y permitir que Dios construya

DIFÍCIL COMIENZO DE UN MINISTERIO FRUCTÍFERO

El Padre Mille, encargado en Suiza de la formación de los futuros Oblatos, había escrito a Eugenio quejándose acerca de uno de sus novicios, Jean-Antoine Bernard, a lo que Eugenio responde:

Me disgusta que Bernard no aprecie más la ventaja de la vida y los ejercicios del noviciado. Que no se engañe, ahí está la base de todo el bien que está llamado a hacer.

Carta a Jean Baptiste Mille y a los Padres y Hermanos en Billens, Noviembre 3, 1831, EO VIII n 406

Un difícil comienzo a la vida Oblata de quien sería un misionero con celo y llevaría a innumerables personas al encuentro de la amorosa misericordia de Dios y las bendiciones maternales de la Virgen, en Marsella.  El Santuario de Notre Dame de la Garde (Nuestra Señora de la Guarda), que domina el horizonte y puerto de Marsella, se convirtió, gracias a él, en la fuente de una fructífera misión.

Yvon Beaudoin nos comenta acerca de él:

El Padre Bernard tuvo una gran contribución a hacer de Notre-Dame de la Garde un valioso centro de peregrinación en Marsella, antes que nada, por la renovación espiritual. El Obispo Jeancard escribió:

”El padre era conocido en toda la ciudad y toda la diócesis; con sus compañeros, había evangelizado todas las parroquias de la periferia y en todas partes, ganando la confianza de los fieles, había contribuido vigorosamente a inspirarles el espíritu religioso que por largo tiempo y de manera notable los distinguió. Estaba pues, bien situado cerca del santuario, donde parecía renovar sus fuerzas a medida que se dedicaba más ardientemente a todos sus intereses. Sería difícil decir en efecto, con qué celo infatigable se dedicó cada vez más a acrecentar la devoción a Nuestra Señora de la Guarda. Ya fuera realizando su ministerio en la capilla, donde predicaba ocasionalmente, o que viniera a la ciudad por varios días de la semana para escuchar confesiones, su pensamiento volvía siempre hacia la colina santa. Salvar almas a través de la devoción a la Buena Madre, era un sentimiento que no lo abandonaba nunca…” (https://www.omiworld.org/es/lemma/bernard-jean-antoine-es/ para más detalles)

NO EXISTE NADA EN LA TIERRA, MÁS GRANDE QUE NUESTRA VOCACIÓN

¡Qué forma de terminar el retiro de Eugenio! ¡Qué fanfarrias! ¡Somos los mejores!

He releído nuestras Reglas durante mi retiro anual con gran recogimiento de espíritu, y quedé convencido de que entre todos esos hombres, somos los más indignos de los favores del cielo, si no tenemos un agradecimiento capaz de inspirar el heroísmo, por la gracia que Dios nos ha dado.

Entre los religiosos, llamados a diferentes obras; algunos están destinados, aún infectamente, al mismo fin que nosotros.

No hay nada vanidoso en ello, sin embargo, puesto que nuestra vocación es exactamente la misma que la de Jesús, al iniciar su ministerio público:
Para nosotros, nuestro fin principal, diré casi el único, es el mismo que Jesucristo se propuso al venir al mundo, el mismo fin que encomendó a los Apóstoles, para quienes sin duda, diseñó el camino más perfecto. Por eso, nuestra humilde Sociedad no reconoce otro fundador sino a Jesucristo, quien habló por boca de su Vicario, [ed. El Papa, quien dio su aprobación a los Oblatos y reconoció el carisma proveniente de Dios, de su origen] y otros Padres que los Apóstoles. He aquí algunos rasgos de la eminente perfección que nos piden nuestras Reglas

Carta a Jean Baptiste Mille y a los Padres y Hermanos en Billens, Noviembre 3, 1831, EO VIII n 406

LOS OBLATOS QUE NO IGNORAN TALES COSAS Y PARECEN DESPRECIARLAS

Dejo mi habitación para ir al oficio pontifical. ¡Con cuanto agrado permanecería en soledad, aunque también San Pedro se hubiese quedado en el Tabor! Como a nosotros, le dijeron había que bajar a la llanura. No lo podremos tener ni nos será dado el descanso, hasta el cielo.

Eugenio describió la oración de su retiro enfocado en la Regla como estar en el Monte Tabor – una experiencia de transfiguración en la presencia de su amado Salvador. Hemos visto cómo mientras más meditaba en la Regla, más le asombraba y conmovía la belleza de su vocación como Oblato. En medio de tal asombro, recordó a los miembros de su Congregación que casi parecían criticar la belleza de su vocación y ver su labor misionera como una carrera y no como un llamado.

Felizmente, recibí su carta reciente en el momento de mis ejercicios en que Dios me ha dio la gracia del estado de indiferencia necesario para no perder la paz ante las contrariedades y penas de la vida, y sin embargo, siento que mi indignación ha aumentado contra los hombres, que llamados a la perfección y enriquecidos por la bondad divina con los medios más eficaces para lograrla, no respetan su vocación. Estoy lleno de compasión para los pobres pecadores, para los extraviados, que sólo han visto la luz de lejos, que no conocen a Dios y por consiguiente no tienen idea alguna del encanto y la dicha que hay en servirlo, amarlo, dedicarse a él, consagrarle su existencia, pero aquéllos que conociendo tales cosas parecen despreciarlas; necesito reflexionar para soportar su ingratitud y locura.

Carta a Jean Baptiste Mille y a los Padres y Hermanos en Billens, Noviembre 3, 1831, EO VIII n 406

¡Duras palabras! Un llamado de atención para no ver nuestro ministerio como un trabajo por realizar, una carrera que lograr, sino ver la utilización de nuestro talento como un llamado y a redescubrir con asombro la belleza de nuestra vocación.

EN JESUCRISTO, NUESTRO CENTRO COMÚN, EN EL QUE TODOS NUESTROS CORAZONES SE FUNDEN

La práctica de la “oraison” era importante para Eugenio, como vemos en este hermoso texto:

Sintámonos con frecuencia reunidos en Jesucristo, nuestro centro común, en el que todos nuestros corazones se funden y todo nuestro afecto se perfecciona.

Aunque distante físicamente de sus hermanos Oblatos, Eugenio siempre practicó la  “oraison” – estar unido con ellos en la presencia Eucarística de Jesucristo. Todos los días, al rezar en su capilla, se unía a sus hermanos, donde fuera que se encontraran.

Muy queridos, este es mi ramo en este hermoso día de fiesta.

Carta a Jean Baptiste Mille y a los Padres y Hermanos en Billens, Noviembre 1° 1831, EO VIII n 406

¡Qué hermosa tradición nos dejó Eugenio! Podemos estar presentes con nuestros seres queridos en la presencia de Jesús, quien nos unifica, a pesar de la distancia geográfica. Este es el verdadero significado de la “oraison” de Eugenio.

MAYO 21, 1861 – CONMEMORACIÓN DEL FALLECIMIENTO DE NUESTRO FUNDADOR

Aseguradles que muero feliz… que muero feliz porque Dios ha sido muy bueno conmigo por elegirme para fundar la Congregación de los Oblatos en la Iglesia.
Y como el último deseo de su corazón:
Practicad entre vosotros la caridad… la caridad… la caridad… y fuera, el celo por la salvación de las almas.

Joseph Fabre (sucesor de Eugenio como Superior General), Circular de 1861

En 2011, la Congregación Oblata y la Arquidiócesis de Marsella se reunieron en el sepulcro de San Eugenio para conmemorar el 150 aniversario de su muerte. El actual Superior General y sucesor recordó:

Para nosotros, los Oblatos, San Eugenio fue un hombre ardiente con un gran amor por Jesucristo, la Iglesia y los pobres. Compartió estos dones con la gente de Marsella durante 37 años como Vicario General y después como Obispo.

Al mismo tiempo, era Superior General de los Misioneros Oblatos, guiando esta creciente Congregación desde el Obispado al otro lado de la calle.

Desde esta ciudad nos mandó a predicar el Evangelio a todo el mundo. .. Nosotros, los Oblatos, estamos orgullosos de continuar su inspiración en cerca de 70 países, con más de 4.000 misioneros y numerosos laicos asociados.

Padre Louis Lougen OMI

Durante su homilía en la Misa, el sucesor actual de San Eugenio como Obispo de Marsella, comentó:

Al Obispo de Mazenod le animaba su pasión por la proclamación del Evangelio. Cristo llegó a él a través del encuentro con los más pobres, uniéndolo a Él y convirtiéndole en un apóstol incansable.

Es un modelo para nosotros. Que la pasión por el Evangelio nos llene y lleve a los más pobres en la iglesia de nuestro tiempo…

Arzobispo Georges Pontier

OBLACIÓN: DEJAR ATRÁS LA INFANCIA POR LA PLENITUD DE CRISTO

En la Fiesta de Todos los Santos, los pensamientos de Eugenio se encontraban con Pierre Aubert, quien haría su oblación de por vida a Dios, al pronunciar sus votos perpetuos.

El beso de paz y todas las gracias de la comunión de los santos se han difundido a lo lejos y habrán llegado hasta ustedes, no lo dudo, pues el sacrificio de donde emanan fue ofrecido tanto para ustedes como para los presentes. Hasta nuestro cadete, el más joven de nuestra querida familia, el buen Pierre, quien deja hoy la infancia para tomar las dimensiones del hombre perfecto, me ocupaba deliciosamente.

Carta a Jean Baptiste Mille y a los Padres y Hermanos en Billens, Noviembre 1° 1831, EO VIII n 406

 

Cuando menciona al “hombre perfecto”, Eugenio se refiere a Efesios 4:13 “hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento de Hijo de Dios, hasta que logremos ser hombres perfectos, hasta que consigamos la madurez conforme a la plenitud de Cristo.” Tal es el objetivo del proceso inicial y contínuo de formación de los Oblatos.

Pierre Aubert vivió su oblación como un gran misionero en Canadá.