Archive for enero, 2014

EN LA ANTECÁMARA DEL PAPA

En cuanto se inicia la audiencia, entran sucesivamente aquellos que están señalados aquél día para despachar con el Papa. No vinieron ni Cardenales ni Embajadores; entran unos después de otros aquellos que el Santo Padre hace llamar por el Maestro de Cámara. Estaba prevenido de que había que tener paciencia, porque los asuntos de que le dan cuenta son a veces tan numerosos que no acaban.
Tenía buen ánimo aquel día, aunque estuviera en ayunas, y la gruesa carpeta morada de Mons. el Secretario de los Breves que debía pasar el primero no pudo asustarme; tampoco lo fui con lo mismo de llena de Mons. el Cardenal Pacca, prefecto de la Congregación de los Obispos y Regulares. ¡Ay!, pensé que algún día tal vez estaríamos nosotros metidos en esa carpeta. Pasaron una hora cada uno con el Papa. Mons. el Obispo Capellán, es decir el distribuidor de las limosnas del Papa y el Padre maestro del sagrado Palacio tenían también aquel día su audiencia fija; no tardaron mucho. ¿A quién llamarían después de ellos? El general de los Dominicos, cuyo vientre gritaba hambre, había apostado que sería él; en absoluto fui yo.

Carta a Henri Tempier, Diciembre 22, 1825, EO VI núm. 213

 En su diario, Eugenio narra la escena:

Las audiencias están programadas día por día, quiero decir las de los que deben trabajar con el Papa. Para conocimiento de todos hay una lista impresa en la antesala más cercana al despacho de Su Santidad. Allí esperé yo, en mi calidad de vicario general, que en Italia es una especie de prelatura y conlleva el título de monseñor. Mientras aguardaba que acabaran de pasar los colaboradores del Papa… Conocí al Arzobispo de Siena quien, al descubrir por mi vestimenta que era francés, se me acercó para conversar un poco sobre Francia, donde había estado desterrado en tiempos de Napoleón. No se cansaba de alabar la buena acogida que le habían dispensado y todas las atenciones que habían tenido para con él. También el cardenal Pacca habló conmigo y me invitó a volver por su casa…
Pasé el primero de los que no tenían audiencia fijada, lo que extrañó un poco al Rvdo. Padre General de los Dominicos, que parecía estar seguro de que pasaría antes que yo; pero el Santo Padre me llamó a mí primero, y obedecí sin hacerme rogar.

Diario en Roma, Diciembre 20, 1825, EO XVII

 

“Al confiar en Dios, puedes ser más paciente. La paciencia no es sólo esperar algo… es cómo esperas, o tu actitud al esperar.”       Joyce Meyer

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LA BUROCRACIA DEL VATICANO

Hice pues una buena mañana mi propósito. Era el 20, víspera de Santo Tomás, y habiendo pedido prestado el coche de Mons. el Decano, llegaré en traje de gala al Vaticano. El primero que encontré en los departamentos del Papa, fue cierto Prelado, de aquellos que se llaman aquí, “de mantellone”, es decir de grado inferior, pero que está siempre en contacto con el Papa, que le sirve como secretario particular». Ese buen hombre, un poco palurdo en su oficio, me aconsejó me marchara porque no sería posible que viese a Su Santidad aquel día; que no podía haber elegido peor día, que era el último día de audiencias del año, que los Cardenales acudirían en masa, los Ministros, y no sé cuántos más, que había que dejar mi visita para los primeros días del año. Lo calmé un poco y como arreglo me dijo que volviera el segundo día de Navidad, luego la víspera, luego al día siguiente del día que estábamos. Todo eso no me arreglaba nada. He comprendido después que creyendo que quería entrar a ver al Papa por intermedio suyo, no veía el modo de introducirme aquel día. Se equivocaba, porque no quería entrar en absoluto por la puerta de servicio.
Cuando ese querido hombre desaparecía, llega Mons. Barberini, al cual me dirigí exponiéndole mi posición y reprocharle haberme dejado en mal lugar con su olvido. Algo molesto por el suave apóstrofe cuya justicia reconocía, me rogó entrara en el salón, y en mi calidad de prelado o gentil hombre entré sin más hasta el apartamento que precedía el gabinete del Papa, donde los Cardenales, los Obispos y otros Prelados, así como Ministros esperaban su turno para ser recibidos por el Papa

Carta a Henri Tempier, Diciembre 22, 1825, EO VI núm. 213

 En su diario personal, Eugenio era más duro al juzgar a Mgr Barberini, quien había prometido y olvidado conseguirle una cita:

no obstante, el maestro de cámara no se había preocupado de hacérmelo saber según habíamos convenido con monseñor d’Isoard. Cuando vi a ese buen maestro, monseñor Barberini, no me sorprendió su despreocupación: es un hombre más nulo de lo que cabe imaginar; lo que no impide que sea un buen sacerdote. Le dije muy llanamente que, viendo que me había olvidado, como había tenido ese olvido conmigo y no pudiendo retrasar más la visita a Su Santidad sin merecer reproches, había venido sin más aviso; y le rogaba que advirtiese al Santo Padre que yo estaba en su antecámara para cuando hubieran pasado los ministros.

Diario en Roma, Diciembre 20, 1825, EO XVII

 

“La gente de Dios desea pastores, no clérigos actuando como burócratas o empleados del gobierno.”    Papa Francisco

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ME HE PROVISTO DE TODAS LAS AYUDAS NATURALES Y SOBRENATURALES

Se acercaba la hora en que Eugenio se reuniera con el Papa para solicitar su aprobación formal de los Oblatos. Estaba preocupado, pues había una “política general vigente en la que el Papa no daba su aprobación a nuevas congregaciones religiosas, sino más bien una bendición y aliento para continuar el buen trabajo – que no era lo que Eugenio deseaba

Apenas terminada la misa, he ido al Vaticano a ver a su Eminencia el cardenal secretario de Estado. Esta vez hemos hablado en italiano. El había tenido la amabilidad de comunicar al Santo Padre mi deseo de besarle los pies y ser recibido en audiencia. Su Santidad me ha concedido ese favor. El cardenal me informó sobre lo que tenía que hacer. Cuando yo esté dispuesto, él me presentará si lo deseo.

Diario en Roma, Diciembre 16, 1825, EO XVII

 Ahora no puedo tardar más, tanto más que cuando Mons. Mazio le pidió una audiencia para mí tuvo la bondad de decir a ese Prelado: “Pero si lo espero; el cardenal Secretario de Estado me ha prevenido”. ¡Si supierais con qué aprehensión veo llegar el momento de exponerle el asunto principal de mi viaje!
… Tanto es así que me he provisto de todas las ayudas naturales y sobrenaturales, rezando y haciendo rezar, ofreciendo el santo sacrificio, invocando a todos los santos, con el mayor fervor que me haya sido posible. Ahora Dios dirigirá el corazón de su Vicario.
No descuidaré nada en la exposición de mi petición de cuanto pueda hacer impresión sobre su espíritu; he puesto por escrito los principales puntos que dejaré en sus manos. Pero si hay un sistema general que se pueda oponernos, tendremos que resignarnos y estimarnos felices de tener lo que tenemos ya.

Carta a Henri Tempier, Diciembre 18, 1825, EO VI núm. 212

 

“Confiad en Él en todo tiempo, oh pueblo; derramad vuestro corazón delante de Él; Dios es nuestro refugio.”    Salmo 62:8

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MIRABA AL PAPA CON OJOS DE UNA FE MUY VIVA

Eugenio asistió a la Basílica de San Pedro para la ceremonia de beatificación de un Capuchino – expresando su admiración por un colega predicador de misiones. Al final de la ceremonia vio al Papa León XII por primera vez.

Debería ir a acostarme, porque es media noche. Pero tengo que deciros que he perdido el correo esta mañana, habiendo sólo escrito un trozo cuando he tenido que salir para S. Pedro, donde quería asistir a la beatificación del bienaventurado Angel de Acri, misionero capuchino. He ahí beatificado uno más de esos misioneros; todos sin embargo tienen el mismo método, y en diez o doce días hacen una misión con todos sus adyacentes y continentes. Eso anima y da esperanzas. 
Me habían asegurado que el Papa bajaría para hacer su oración ante el nuevo Bienaventurado, lo que en efecto ha ocurrido. He tenido pues el consuelo de asistir a la inauguración del santo, al cual me he encomendado, poniéndoos a todos bajo su protección, y de contemplar a gusto al jefe de la Iglesia. No puedo expresaros la impresión que ha causado en mi alma la presencia del Vicario de Jesucristo. Lo miraba en verdad con unos ojos llenos de fe muy viva; por eso he sentido unos sentimientos que ciertamente no han compartido la mayoría de los que me rodeaban y que no miraban sino por curiosidad. 
Rezaba con gran fervor, y yo me unía suavemente a él. 

Carta a Henri Tempier, Diciembre 18, 1825, EO VI núm. 212

 En su Diario personal, confía sus pensamientos:

contemplé a gusto al Santo Padre que postrado en su reclinatorio, rezaba con fervor angelical. Uní mi oración a la suya… 
Eché un vistazo a todos los asistentes. Observé que mucha gente miraba con curiosidad y hasta con interés; no vi que otros compartieran el profundo sentimiento de veneración y dulce afecto que llenaba mi alma. Es el resultado de una actitud de fe hacia la persona del Papa. 

Diario en Roma, Diciembre 18, 1825, EO XVII  

 

“El nuevo papa sabe que su tarea es hacer que la luz de Cristo brille sobre los hombres y las mujeres del mundo – no su propia luz, sino la de Cristo.”    Papa-emérito Benedicto XVI

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PARA UNOS PROVENZALES QUE NO PUEDEN, POR MUCHOS ESFUERZOS QUE HAGAN, TRAGAR EL DETESTABLE ACEITE QUE SE COME EN ROMA

Un toque de la superioridad gastronómica provenzal – y un toque de virtud!

 ¡Es un placer!, por lo menos aquí, mi querido Tempier; los días de ayuno son días de penitencia, sobre todo para unos Provenzales que no pueden, por muchos esfuerzos que hagan tragar el detestable aceite que se come en Roma.
Para las Témporas se observa lo que se llama “la abstinencia estricta” es decir que los huevos y los lacticinios están prohibidos. He dado gracias a Dios por mi invencible repugnancia por el aceite malo, y me he contentado estos días como comida con un trozo de pescado cocido sobre el cual he oprimido un medio limón. Mons. Isoarda hubiese deseado que comiese en su casa, me he guardado de aceptar sus insistentes invitaciones, porque os confesaré que sentía que nada podría haber reemplazado la dicha que sentía de hacer tres días de penitencia en el verdadero sentido y verdadero espíritu de la Iglesia.
Adiós por esta tarde, querido amigo. Abrace de mi parte a toda la familia. Rezad por mí; por mi parte no hago una estación, no doy un paso en que no estéis conmigo. Temo que Suzanne se haya cansado demasiado en ese retiro de Allauch; no sabe moderarse, y estoy siempre preocupado por él. Respeto y amistades para mi querido tío. Adiós.

Carta a Henri Tempier, Diciembre 18, 1825, EO VI núm. 212

 

“La glotonería es un escape emocional, una señal de que algo nos carcome.”    Peter De Vries

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PERO ASÍ ES MI CORAZÓN; NO PUEDE OLVIDAR A NINGUNO DE LOS QUE AMA, ESTÉN VIVOS O MUERTOS

Una reflexión más del Diario de Eugenio en Roma:

He cumplido también hoy lo que estaba prescrito para tratar de ganar por segunda vez el jubileo por las santas almas del purgatorio, según el indulto concedido al efecto por el sumo pontífice. He visitado la iglesia de San Lorenzo in Damaso y los altares señalados. Dios quiera que sean provechosos para las benditas almas, y sobre todo para las almas de mis queridos parientes difuntos, los sufragios que apliqué por ellos. Mi padre, fallecido tan santamente en mis brazos, mi abuela tan tiernamente amada por mí, mis abuelos, mi tío abuelo y mi tía que estuvieron seguramente presentes en mi pensamiento, como lo están todos los días en la misa. No sé por qué menciono también a mi hermana muerta tan joven. Pero por afecto, también mi sobrinita Carolina pasa a diario es esa lista, pues ciertamente no necesita mis sufragios. Pero así es mi corazón; no puede olvidar a ninguno de los que ama, estén vivos o muertos.

Diario en Roma, Diciembre 15, 1825, EO XVII

 

“Si miras atentamente la palma de tu mano, encontrarás a tus padres y todas las generaciones de tus ancestros. Todos ellos están vivos en ese momento. Cada uno se encuentra presente en tu cuerpo. Eres la continuación de todos ellos.” Thich Nhat Hanh

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ES SALUDABLE UNA SOCIEDAD CON PERSONAS MAYORES

Siendo el Diario de Eugenio en Roma un recuento personal de sus impresiones, encontramos preciosos vistazos a algunos de sus puntos de vista. En este comentario, habla sobre dos de los ancianos sacerdotes Lazaristas en la casa donde se hospedaba en Roma. Lo que admira en ellos es lo que desea ver en sus Oblatos.

Pasé el recreo con el Sr. Collucci, uno de nuestros paúles, de 74 años de edad. No le hubiese dado más de sesenta. No tengo palabras para expresar lo edificado que quedé de su hermosa sencillez, de la belleza de su alma y de los sentimientos que expresaba con admirable dulzura. Está lleno de achaques, aunque no visibles; lo que no le impidió ponerse en camino todavía este año para dar misiones, pero la intensidad del mal le hizo dar marcha atrás, mejor dicho la orden del médico, ya que él estaba dispuesto a proseguir. Me decía que lo que lo había sostenido siempre era la paz del alma, de la que tenía la dicha de gozar en su santo estado, y que todos los días daba gracias a Dios por su vocación. Yo había notado ya la caridad con que estaba siempre dispuesto a acudir al confesionario y sus modales respetuosos con todos. Pienso que este santo sacerdote es un gran siervo de Dios. Me decía también que lo que más contribuía a su felicidad era aceptarlo todo como venido de la mano de Dios.
Hay en la casa otro enfermo que lleva ocho años sin salir de su cuarto. Era un gran misionero y ahora tiene paralizada la mitad del cuerpo. Con todo sigue confesando y siempre se le ve contento y resignado. Son grandes modelos de virtud, y no me admiran menos los miramientos, la caridad y los cuidados con que rodean a ese pobre enfermo los otros religiosos de la casa, así como las atenciones que tienen con el otro. Veo también con gozo la fidelidad de todos al reglamento de la casa. Todo marcha suavemente y bien. Agradezco a Dios que me haya brindado la ocasión de admirar una conducta tan ejemplar mantenida con constancia. Una cosa me llena de confusión, y es que estando yo a tanta distancia de su virtud, todos ellos me colmen de toda clase de atenciones y me traten con un respeto que ciertamente no merezco.

Diario en Roma, Diciembre 16, 1825, EO XVII

 

“Buscas ayuda de los mayores. Es saludable una sociedad con personas mayores. No siempre es así en el Occidente.”      Bernard Lagat

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SENTÍA VERDADERO PLACER AL HACER RESONAR MI VOZ POR LAS CALLES DE LA CAPITAL DEL MUNDO CRISTIANO, CANTANDO LAS ALABANZAS DE DIOS

Eugenio el peregrino, describe una más de sus experiencias especiales en la Roma cristiana.

 Regresamos al palacio Mattei donde se hospeda Monseñor d’Isoard. Tomamos un bocado y volvimos al coche para ir en procesión a San Pedro, con una cofradía que había obtenido ganar el jubileo haciendo una estación en San Pedro. Monseñor el decano de la Rota, revestido de prelado, llevaba el crucifijo; yo a su lado con sotana y manteo largo. A la ida cantamos las letanías de los santos; yo sentía verdadero placer al hacer resonar mi voz por las calles de la capital del mundo cristiano, cantando las alabanzas de Dios.
Al llegar a San Pedro, se presentaron a la veneración de los fieles las reliquias insignes de la Pasión como la madera de la verdadera cruz, la santa lanza, etc. Me llamó la atención el profundo silencio que reinó en toda la inmensa basílica durante la ceremonia. Estaban todos de rodillas y rezaban con mucha piedad a pesar de la enorme multitud.
A este propósito, quiero resaltar que he comprobado desde mi llegada a Roma y en mis continuos recorridos por las iglesias, que en todas partes y siempre se ve reinar una exquisita decencia y que la piedad de los peregrinos, que son todos gente de pueblo, campesinos pobres y la mayoría andrajosos, me edifica cada vez más..

Diario en Roma, Diciembre 18, 1825, EO XVII

 

“El Cristiano no piensa que Dios le ame por ser bueno, sino que Dios nos hará buenos porque nos ama.” ― C.S. Lewis

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TENGO UN APETITO INSACIABLE POR VER CEREMONIAS RELIGIOSAS, CUANDO SE REALIZAN CON DIGNIDAD

Volviendo a San Pedro para una ceremonia, Eugenio expresó una convicción que le acompañó toda su vida: la necesidad de que las ceremonias eclesiásticas sean celebradas con dignidad. Como Vicario General y después como Obispo de Marsella, insistió vehementemente en este principio.

3er domingo de Adviento: No me canso de ver las ceremonias de la Iglesia, cuando se celebran con dignidad. Por eso vuelvo con gusto a la capilla papal. El Santo Padre no estaba presente; oficiaba de nuevo un cardenal, y nada es tan majestuoso como contemplar esa noble asamblea. 

En medio de esta hermosa ceremonia, expresó su disgusto en que el predicador utilizara el púlpito para hacer comentarios de algunos de los presentes

Después del evangelio, un Padre agustino predicó en latín. Ese discurso no me gustó, ni con mucho, como el que oí el primer domingo de Adviento. Me pareció que ese monje se permitía reflexiones inadecuadas y poco respetuosas por la aplicación que se podía hacer de sus palabras a los cardenales ante los que predicaba. Otros dos monjes que estaban detrás de mí me probaron que yo llevaba razón, con las risas locas con que subrayaban cada alusión.

Diario en Roma, Diciembre 11, 1825, EO XVII

 

“Cualquiera que piense que sentarse en la iglesia te hace cristiano, debe también pensar que sentarse en una cochera puede hacerte un auto.” ― Garrison Keillor

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LO MÁS HERMOSO QUE PODEMOS EXPERIMENTAR ES LO MISTERIOSO

Mientras aguardaba la audiencia con el Papa, Eugenio continuaba visitando los santos lugares de Roma. Su diario a menudo muestra su asombro por los lugares o las celebraciones.

Terminada la entrevista, fui a San Pedro donde estuve admirando, durante más de una hora, las bellezas de esa iglesia que nunca uno se cansaría de contemplar.

Diario en Roma, Diciembre 16, 1825, EO XVII

 Dos días después volvía a la Basílica de San Pedro para una ceremonia de beatificación:

 Este día tenía que ser memorable. He ido a San Pedro; monseñor Mazio me hizo situar en el recinto privilegiado desde donde he visto y oído a las mil maravillas. Vi primero toda la parte de la iglesia que está entre la confesión y el fondo de la iglesia, donde está la cátedra de San Pedro sostenida por cuatro doctores de la Iglesia, dos latinos y dos griegos, iluminada por innumerables cirios con ocasión de la beatificación de Angel de Acri, sacerdote, misionero capuchino, cuyo cuadro cubierto por un velo y rodeado de antorchas estaba colocado a gran altura…
Apenas terminada la lectura del decreto, quitaron el velo que cubría el cuadro del santo, y el prelado oficiante entonó el Te Deum. Celebró a continuación la misa solemne del nuevo Beato. La música vocal de esa misa, acompañada sólo por el órgano, era maravillosa.

Diario en Roma, Diciembre 18, 1825, EO XVII

 

“Lo más hermoso que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de todo el arte real y la ciencia. Aquel para quien esta emoción es desconocida, quien no pueda ya hacer un alto y perdurar asombrado, puede igual estar muerto; sus ojos se encuentran cerrados” Albert Einstein

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