Archive for junio, 2013

DEBO GANAR LA SALVACIÓN SIGUIENDO OCUPÁNDOME DE LOS OTROS

Es el año 1824. Casi un año después de ser nombrado Vicario General de la diócesis de Marsella, Eugenio logró poder alejarse por unos días e ir a Aix para su retiro anual. Al reflexionar en las anotaciones de su retiro, les invito a utilizarlas como una oportunidad para pedir y pensar respecto a nuestras muchas ocupaciones.

El retiro era un tiempo en el que Eugenio se detenía para recuperar el aliento y re-enfocarse en la dirección que su vida tomaba, en medio de un estilo de vida completamente nuevo y atareado.

¡Alabado sea Dios, a él bendición y gratitud! He podido por fin sustraerme al yugo que pesa sobre mí, he podido sacudir las cadenas que me oprimen, a las que tengo que besar; se me permite retirarme por ocho días a nuestra querida casa de Aix [estaba entonces en Marsella como vicario general de su tío] para ocuparme únicamente del asunto de mi salvación. Ojalá me aproveche de este dulce respiro que la divina Providencia me brinda para entrar en mí mismo, para sondear mi corazón y para buscar y descubrir en mi alma todo el daño y el destrozo que en ella ha hecho la disipación ocasionada por los asuntos múltiples que sin cesar se suceden. 

Siendo una “persona sociable”, Eugenio deseaba ocupar su tiempo predicando el Evangelio y acompañando a la gente a dirigir sus vidas en relación con Dios. La mayor parte de su trabajo en la diócesis sin embargo, tenía que ver con la administración, en una oficina. Puesto que la diócesis estaba en restructuración después de la Revolución Francesa, tanto él, Henri Tempier y el Obispo se encontraban ocupados estableciendo estructuras eficientes de evangelización y asegurando la cooperación de los sacerdotes diocesanos.

En este retiro Eugenio se da cuenta con más fuerza de cómo su salvación personal no será lograda retirándose de la actividad, sino a través de entregarse más a la tarea de la salvación de los demás. Leemos en su diario:

Dios mío, si no hemos sido creados más que para poseeros y no tenemos en realidad más tarea que la de realizar nuestra salvación, ¿por qué hace falta que vengan cada día y a cada instante tantos objetos diversos a apartarnos de la aplicación que deberíamos poner en ello? ¡Cuántas veces me he visto tentado de abandonarlo todo para ocuparme sólo de mi alma! Pero no, se me dice que la salvo siguiendo ocupándome de los otros. 

Notas de Retiro, Mayo 1824, EO XV núm. 156

 

“¡Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis!”    Mateo 25

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COMPROMISO HACIA EL DISCIPULADO EN LA IGLESIA

Bernard Vachon, escolástico Oblato, había sido ordenado al sub-diaconado. Esta función ya no existe en la Iglesia, pero en esa época se trataba de un compromiso definitivo del estado clerical, hacia la ordenación sacerdotal. Eugenio no asistió a la ordenación, pero le felicita y le recuerda que su compromiso es como un matrimonio con la Iglesia.

Aunque no me hayáis participado, mi querido amigo, vuestro matrimonio con la Iglesia, no me descuidaré en felicitaros. Ya sois subdiácono, consagrado a Dios por consiguiente de modo especial; es un gran paso que habéis dado: “ad majora” ahora; estoy bien contrariado por no haber podido asistir a la ceremonia de esa primera consagración, os habría abrazado con todo el corazón, pero no por eso os he olvidado, porque no he dejado de ofrecer el santo sacrificio por nuestros ordenandos; habéis tenido vuestra buena parte pero ¡ay! aunque sólo seáis dos.
Espero llamaros al diaconado por la Trinidad y en septiembre para el sacerdocio; arregle en consecuencia sus asuntos con Dios; hágase cada vez más virtuoso y santo y no me olvidéis en vuestras oraciones a las cuales me encomiendo abrazándoos de todo corazón. Adiós.

Carta a Bernard Vachon, Abril 9, 1824, EO VI núm. 134

 

“Cuando caminamos sin la cruz, cuando construimos sin la cruz y confesamos a Cristo sin la cruz, no somos discípulos del Señor: somos del mundo, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor.” Papa Francisco

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EL PAPA: UN PADRE CON EL ROSTRO Y EL CORAZÓN DE CRISTO

Elegido desde lo alto para representar en toda la tierra al Pastor Soberano de las almas, ve a la Iglesia incesantemente, obligado a soportar terribles ataques y sostener grandes combates. Siente toda la angustia de la esposa de Jesucristo. Su corazón es alcanzado por todos los golpes dirigidos a ella y desgarrado por las heridas que ella recibe. Su cabeza lleva la corona de espinas del divino Salvador bajo la tiara del Rey Pontífice. Y como Jesucristo desde lo alto de la cruz, su Vicario desde lo alto del trono del Príncipe de los Apóstoles, da un gran grito al mundo.

 

Carta Circular del Obispo Eugenio de Mazenod a la gente de Marsella, Junio 12, 1847,
EO III carta circular 3

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HAZ USO DE TODOS LOS MEDIOS A TU ALCANCE PARA AYUDARTE A COMPRENDER A LO QUE HAS SIDO LLAMADO

A lo largo de su vida, Eugenio insistió en celebrar de forma correcta y significativa la liturgia. En su caso, utilizaba los textos litúrgicos como base de sus oraciones en los retiros que hacía en preparación para recibir el sacramento de las Órdenes, en sus diferentes etapas. Aquí sugiere la misma práctica al Hermano Barthélemy Bernard, al invitarle a reflexionar sobre el texto de la ceremonia utilizada para ordenarlo en el Misal (el “Pontifical”).

Relee algunas admoniciones del Pontifical, sea para la orden que acabas de recibir, sea para lo que habías antes recibido.

Como una ayuda más para profundizar su comprensión del sacramento que había recibido, Eugenio le sugiere a Bernard meditar en los santos que habían sido diáconos y aprovechar su ejemplo e intercesión:

Invoca todos los días a los grandes santos que se han santificado en el diaconado y pide a Dios por su intercesión todo cuanto te falta todavía para parecérteles. Reza también por mí. No te olvido nunca ante Dios y especialmente el día de la ordenación he cumplido con ese deber en el santo sacrificio que he ofrecido para mis queridos ordenandos.
Adiós, te abrazo de todo corazón.

Carta a Barthélemy Bernard, Abril 8, 1824. EO VI núm. 133

 

“Sin importar cuántas palabras santas leas, sin importar cuántas digas, ¿qué bien te harán si no actúas de acuerdo a ellas?”    Buddha

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EL CELO ES EL CARÁCTER DISTINTIVO DEL DIACONADO

El padre de la familia Oblata se regocija, pues uno de sus miembros más jóvenes ha sido ordenado diácono – como paso final previo a la ordenación sacerdotal. Eugenio subraya al escolástico la importancia de una espiritualidad coherente, que dará fruto en su servicio como diácono. Para él se trata siempre de “ser” para “hacer.”

Te felicito de todo corazón mi querido hijo, por la gran gracia que Dios acaba de concederte, y veo con consuelo que sabes apreciarla. No tengo necesidad de recordarte cuáles son las virtudes en las que debes ejercitarte más en particular para practicar; deben hacerse todas familiares, has sido elevado a una gran dignidad en la Iglesia, no puedes defender su honor sino trabajando en ser cada días más santo;

Eugenio se refiere a algunas de las funciones litúrgicas del nuevo diácono y la actitud correspondiente que debe tener

formar parte de la jerarquía y tus augustas funciones te llevan todos los días a la puerta del sagrario, acercándote al Cordero sin mancha, en el cual puedes fijar amorosamente tus miradas, que puedes llevar en tus manos, tocar casi. Que tu corazón actúe en esos momentos felices, que se inflame, que se purifique. El celo es el carácter distintivo del diaconado, has recibido el espíritu de fuerza, para tí mismo primero, tu propia santificación y la perfección de tu alma, luego para combatir a los enemigos de Dios y rechazar al demonio con ese vigor sobrenatural que viene de arriba.

Carta a Barthélemy Bernard, Abril 8, 1824. EO VI núm. 133

 

“Nunca permitas que tu celo sobrepase a tu caridad. El primero es sólo humano, lo segundo es divino.”       Hosea Ballou

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INTERDEPENDIENTE EN NUESTRAS VIDAS

Eugenio mantenía contacto con todos los Oblatos en Aix y Laus desde Marsella, mostrando interés por la vida y espíritu en cada comunidad y sus miembros. La única forma de comunicarse regularmente era a través de cartas. Debido a ello, Eugenio adquirió la costumbre de pasar los días cercanos al primer viernes de cada mes, con la comunidad en Aix.

Te mando muy expresamente pidas el permiso de comer carne esta cuaresma y consultar al Sr. de Astros para que decida que no puedes ayunar Si hay algún otro en la casa, como el P. Sumien por ejemplo, que no pueda tampoco ayunar, le harás comer en una segunda mesa. Adiós.
Las elecciones me impiden estar en Aix al primer viernes de mes. 

Carta a Hippolyte Courtès, Marzo 1°, 1824, EO VI núm. 131

 

Algunos días después, se disculpó por haber faltado a este importante momento con la comunidad:

Te escribo una nota para que sepas cuánto lamento no haber podido estar este mes en nuestro encuentro del primer viernes. 

Carta a Hippolyte Courtès, Marzo 10, 1824, en YENVEUX, IV, 122.

 

“Unidos por la obediencia y la caridad, todos, sacerdotes y Hermanos, somos solidarios en nuestra vida y actividad misionera, aun cuando, dispersados para el servicio del Evangelio, no podamos disfrutar más que en breves intervalos de las ventajas de la vida común.Cada comunidad, ya sea casa ya distrito, adopta el ritmo de vida y de oración que mejor responda a su fin y a su apostolado”                    OMI CC&RR Constitución 38

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DIOS EXIGE ESE SACRIFICIO ENORME DE MI, PARA EL MAYOR BIEN

Eugenio había nacido en Aix en Provence, siendo el lugar de su primer ministerio como sacerdote (en especial el ministerio con la juventud), era el lugar de fundación de los Oblatos y la ciudad donde su madre y hermana residían. Aix era entonces el lugar donde se encontraba toda la gente que conocía y amaba y quienes le amaban. Marsella era un lugar nuevo para él y le acongojaba su hostilidad – especialmente en sus intentos por reorganizar una diócesis que había permanecido sin cuidado por tantos años, antes del nombramiento de su tío como obispo residente. Añoraba la calidez humana, en especial de la comunidad de los Misioneros en Aix.

Te envío mi querido Guibert, los dos volúmenes del cardenal Gerdil que le había prometido; hubiese deseado llevártelos yo mismo, tan feliz me siento cuando estoy en esa santa casa donde todo me gusta y me edifica; por eso me considero siempre como en un estado de violencia cuando estoy alejado de ella y sólo el conocimiento de que Dios exige ese sacrificio enorme de mí, para el mayor bien, me determina a sostenerme sin murmurar, porque no doy ese nombre a las quejas que se me escapan con frecuencia y que no son bien legítimas, siendo del género de las que Nuestro Señor dio en la cruz o en el jardín de los olivos.

Carta a Joseph Hippolyte Guibert, Enero 19, 1824, EO VI núm. 125

 

“Podemos vivir sin religión y meditación, pero no sobreviviremos sin el afecto humano.” Dalai Lama

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ES EN EFECTO UN GRAN INCONVENIENTE NO SER ESCUCHADO SINO DE LA MITAD Y DE LOS TRES CUARTOS DE LOS OYENTES

Siempre fueron claros el objetivo y métodos de la predicación de los Oblatos: propagar la Palabra de Dios a los más abandonados, hablando sencillamente en su idioma. En la época de Eugenio, era el provenzal – y sólo en raras ocasiones permitía a los Misioneros desviarse de ello.

Aquí tenemos un ejemplo. No sabemos a quienes se refiere Courtès como “audiencia de elite”, pero Eugenio le autorizó a predicarles bajo ciertas condiciones.

Como tengo la costumbre de decidirme, siempre apoyado sobre alguna buena razón, he aquí la que me hace aguantar que te apartes de lo que nuestras Reglas prescriben con relación a la instrucción que damos a las gentes.
Si te he autorizado a predicar en el género que has adoptado, a preparar unos sermones para auditorios selectos, es porque no quiero poner obstáculos al desarrollo de tu genio, y que cuento con que dejarás huellas de lo que produces, de tal suerte que después de ti otros puedan utilizar esas composiciones. Hace falta para eso que escribas y después corrijas con cuidado tus sermones.
Si defraudaras mi esperanza y que no escribieses tus sermones, ya no tendría motivos suficientes para permitirme una excepción que presenta unos inconvenientes que deben necesariamente ser compensados; es en efecto un gran inconveniente no ser escuchado sino de la mitad y de los tres cuartos de los oyentes.

Carta a Hippolyte Courtès, Enero 28, 1824, EO VI núm. 129

Tenemos otros ejemplos de cuando Eugenio reprendió a un Oblato por predicar en francés, para desventaja de quienes se encontraban en la iglesia, sin poder comprender. Era a quienes no llegaban las estructuras de la Iglesia, a quienes los Oblatos debían acercarse. En tanto hubiera alguien de ese grupo presente en la congregación de la iglesia, era a ellos a quienes los Misioneros habrían de enfocarse.

“Permite que tu religión sea menos una teoría y más una aventura amorosa.”      Gilbert K. Chesterton

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DESPUÉS DE UNA MISIÓN, DEBES SENTIR QUE SE TIENE NECESIDAD DE RECOGERSE Y DE PENSAR UN POCO EN UNO MISMO

Eugenio sentía tanto orgullo de sus jóvenes Misioneros y sus logros llenos de celo, como preocupación de que se agotaran debido a su generosidad.

Después de una misión, es bueno pasar unos días en una comunidad regular.

Carta a Jean Baptiste Honorat, Febrero 9, 1824, EO VI núm. 130

No hay que pasar mucho tiempo en este país para poder decir de antemano con mucha moderación, pero de modo a ser comprendido, que al regresar de una misión tan fatigosa como la que acabas de predicar, tienes necesidad de descanso y de recogimiento… Después de una y sobretodo dos misiones, debes sentir que se tiene necesidad de recogerse y de pensar un poco en uno mismo.
Adiós, mi querido P. Marcou, te abrazo bien tiernamente y te recomiendo dar el ejemplo de todas las virtudes a todos cuantos tienen la dicha de habitar en la casa (por la que mi corazón suspira y hacia la cual van mis deseos) No me olvides en tus oraciones durante esta hermosa semana.

Carta a Jacques Marcou, Abril 12, 1824, EO VI núm. 135

 

“El descanso no es ociosidad, y recostarse en el césped en alguna ocasión, bajo los árboles en un día de verano, escuchando el murmullo del agua o viendo flotar las nubes en el cielo, no es de ninguna forma una pérdida de tiempo.”     John Lubbock

 

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LA DICHA DEL CRISTIANO PROVIENE DE CONOCER A DIOS Y DE INTENTAR ACEPTAR SU VOLUNTAD

Hemos visto a menudo el especial afecto paternal de Eugenio por los miembros de su Congregación de la Juventud, que se convirtieron en Oblatos. El recién ordenado Jacques Marcou sobresalió, pues había sido un miembro fundador de los jóvenes, once años antes. Dirigiéndose a él por su apodo, Eugenio se alegra por su ministerio:

Mi buen Marchetto, te abrazo cálidamente y me regocijo al verte realizando con tanto celo tu santo ministerio….
Se humilde y harás mucho bien; sabes que es al humilde a quien el Señor dat gratiam [ed. Santiago, 4, 6: Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.] El más inteligente entre nosotros y entre todos los hombres es nada por sí mismo, sino un bronce ruidoso y un timbal tintineante, es el buen Dios quien realiza todo y a quien todo debe atribuírsele; de ello debemos estar convencidos.

Carta a Jacques Marcou, Enero 27, 1824, EO VI núm. 128

 

“La alegría de los cristianos proviene de conocer a Dios y de tratar de aceptar Su voluntad. La alegría significa regocijarse en Dios. Pero vemos en el Magnificat que cuando María se regocija en Dios, también celebra Su acción liberadora en la historia. María se regocija en un Dios que es fiel a los pobres. Nuestro servicio a los demás debe estar envuelto en esta dicha.” Gustavo Gutiérrez

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