Archive for abril, 2013

DISCERNIENDO LA VOLUNTAD DE DIOS A TRAVÉS DE BUSCAR OPINIONES EXTERNAS

Lo confieso, mi muy querido Guibert, su carta me había sensiblemente afectado… Cómo queréis, mi querido amigo que fuese de otro modo, convencido como estoy de que Dios os ha concedido el ser oídos en nuestras oraciones, que os ha llamado como a los apóstoles, con las señales más seguras de una vocación verdaderamente divina para seguirle y servirle en el ministerio que se acerca más al que ha prescrito a los apóstoles, a cuyos trabajos ha querido asociaros. 

Joseph-Hippolyte Guibert, quien era novicio en ese entonces, atravesaba una crisis en su vocación y le había comunicado de ello a Eugenio. Eugenio se encontraba aún en París y consultó con el Superior Provincial Jesuita su opinión respecto al discernimiento en el que se encontraba Guibert.

Abrumado he puesto en Dios mi confianza, he invocado su santo Nombre, y aunque no pudiera dudar de la conducta que había que guardar, fui inspirado al dirigirme al principal superior de una Orden para quien los caminos de Dios no son desconocidos; conocéis el resultado de esa gestión. La decisión no permite la menor duda, ni deja la menor inquietud. Vuestra conducta está ahí bien señalada, y no soy yo quien habla; pero debo decirlo, se habla tal como yo pienso. 

Carta a Joseph-Hippolyte Guibert, Junio 26, 1823, EO VI núm. 109

 Eugenio escribió entonces a Hippolyte Courtès, maestro de novicios y superior interino en Aix:

Por seguro que estuviese de que el demonio le tendía una celada, estaba contento de conocer la opinión de un hombre experimentado en los caminos de Dios, absolutamente extraño y no siendo por consiguiente influenciado por ninguna consideración ni afecto particular.
Habiendo oído tal vez veinte veces: “no hay duda de que está llamado, no hay duda de que está llamado”; “que se guarde de salir, es una celada del enemigo”.
Me han dicho a ese propósito las cosas más prudentes y más razonables del mundo… “Díle bien claro, que no hay nada más común que esas pruebas, que las rechace como rechazaría unos pensamientos contra la fe o contra la pureza”.

 Carta a Hippolyte Courtès, Junio 15, 1823, EO VI núm. 108

 

“El discernimiento es el llamado de Dios a la intercesión, nunca a la búsqueda de errores”. Corrie Ten Boom

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TUVE NECESIDAD DE DESCARGAR MI CORAZÓN EN EL SENO DEL AMIGO COMÚN

Cuando Eugenio enfrentaba situaciones difíciles, se volvía de inmediato a Jesús en la oración. Se refiere a ello en términos de acercarse en forma instintiva a un amigo.

mi muy querido Guibert, su carta me había sensiblemente afectado. Hasta el punto de que no tuve la fuerza de escribiros y tuve necesidad de descargar mi corazón en el seno del Amigo común, único confidente que pudiera elegir en este dolor

Carta a Joseph-Hippolyte Guibert, Junio 26, 1823, EO VI núm. 109

Al escribir a alguno de los miembros de su familia misionera, puede hablar de “nuestro amigo común” – el vínculo que une a todos los Oblatos es Jesucristo, a quien todos somos invitados a considerar como nuestro amigo común.

De acuerdo a esta experiencia de nuestro Fundador, nuestra Regla de Vida nos dice:

Los Oblatos realizan la unidad de su vida sólo en Jesucristo y por Él. Están comprometidos en tareas apostólicas muy variadas y, al mismo tiempo, cada acto de su vida es ocasión de un encuentro con Cristo que por ellos se da a los otros, y por los otros, a ellos.

CC&RR, Constitución 31

 

“Nací sólo para Dios. Cristo se encuentra más cerca de mí que mi padre, madre o hermana –una relación cercana, un Amigo más cariñoso; y me regocijo de seguirle y amarle. ¡Bendito Jesús! Eres todo cuanto quiero – predecesor en todo lo que habré de pasar como cristiano, ministro o misionero”. Henry Martyn

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¿Y VOSOTROS, TAMBIÉN QUERÉIS ABANDOMARME?

Tan convencido estaba Eugenio de que la vocación del Oblato y el vivir según las Reglas eran los medios seguros de alcanzar la vida eterna, que no le era posible comprender cómo alguien podría siquiera considerar dejar este estilo de vida. Una vez que alguien había pronunciado los votos de oblación, Eugenio veía como apostasía si salía de la Sociedad y dejaba de vivir su compromiso. Para hacer esta realidad aún más dolorosa, Sébastien Deblieu se encontraba en el proceso de salir. Tenía 34 años y era uno de los miembros fundadores de los Misioneros en 1816, por lo que su deseo de salir había sido una sacudida para todos en la Sociedad.

A todo cuanto tiene de amargo en sí el desgarrador pensamiento de esa nueva traición se une el temor del mal que sientes, tú que sientes tan vivamente y cuya alma paciente puede abrumar al cuerpo tan débil.

Carta a Hippolyte Courtès, Mayo 27, 1823, EO VI núm. 105

El anuncio de esa apostasía me ha afectado más sensiblemente que la muerte del P. Jourdan… Estar obligado a consagrar a Satanás a aquel que habíamos puesto y dirigido por los caminos del cielo, es horroroso. Queda uno impresionado por esas especies de golpes como del rayo, y se encuentra uno como en el estado de esos príncipes de nuestros días que después de una nueva defección miran a su alrededor para ver quien se marchará primero.

Al mismo tiempo, el primero que había deseado convertirse en Hermano Oblato, Claude Ignace Voitot, había decidido salir del noviciado antes de hacer sus votos. El novicio Joseph Guibert también atravesaba una crisis y se preguntaba si debía continuar.

Tal vez hiciésemos mejor comparándonos, en este caso, con nuestro divino Maestro que preguntaba a los apóstoles que quedaban todavía con él después de la vergonzosa defección de los Cafarnaitas: ¿“Y vosotros, también queréis abandonarme”? perjurio [ed. Juan 6, 67]
.
Por dolorosa que sea nuestra posición, compa dezco infinitamente más a los traidores, que sin detenerse por la palabra infalible de aquel que ha dicho que ninguo de aquellos que retroceden del camino, después de haber puesto la mano en el arado son aptos para el reino de los cielos,[ed. Lucas 9, 62], meditan en secreto, consienten interiormente y ejecutan por último un execrable perjurio…
Me he limitado a suplicar al Señor durante la procesión de hoy, que aparte esa desgracia de nosotros y más todavía de aquel que la medita y que por eso mismo no es inocente.

Carta a Hippolyte Courtès, Junio 1°, 1823, EO VI núm. 106

Pablo había tenido un sufrimiento similar cuando sus compañeros abandonaron su estilo de vida:

Pues Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente, y se ha ido a Tesalónica;” 2 Timoteo 4:10

Bernabé quería llevar también con ellos a Juan, llamado Marcos, 38 pero Pablo consideraba que no debían llevar consigo a quien los había desertado en Panfilia y no los había acompañado en la obra.” Hechos 15:37-38

Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? 68 Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.’ Evangelio de San Juan 6:67-68.

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PRACTICANDO SIEMPRE EXACTAMENTE TODO CUANTO NUESTRA VOCACIÓN NOS PRESCRIBE

Fue dentro de este contexto de la primer muerte entre los Misioneros que André Sumien había escrito a Eugenio, quien respondió:

Me hablas mi querido amigo de todas las trabas y persecuciones que me han puesto desde el comienzo de la Sociedad. Me disgustaría si no fuera así. ¿No sabes que es el sello de la mano de Dios sobre nosotros?

La respuesta de Eugenio fue para reconocer que el sufrimiento y la persecución eran el sello de la aprobación de Dios a su misión.

¿Cómo quieres que el demonio no hiciera todos los esfuerzos posibles para cribarnos y no suscitara al mismo tiempo todas las tempestades desde el exterior, cuando veía su reinado atacado y tantos despojos arrebatados a su ferocidad? No podía ser de otra manera. Siempre ha sido así desde Abel hasta nuestros días. Hay que leer a ese propósito las admirables epístolas de S. Pablo; en ellas se encuentran muchos motivos de consuelo, porque ha pasado por todas las pruebas, como los demás santos.

Concluye reafirmando la necesidad del principio fundacional de la vida de los Oblatos – “SER para poder HACER”.

Seamos firmes en el bien, andemos siempre por los caminos del Señor practicando siempre exactamente todo cuanto nuestra vocación nos prescribe. Animémonos unos a otros, estemos unidos y todo irá bien porque cumplimos la voluntad de Dios.

Carta a André Sumien, Mayo 2, 1823, EO VI núm. 103

“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.”     Carta a los Romanos 5:3-5

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LA NECESIDAD DE DESCANSO A PESAR DEL ENTUSIASMO MISIONERO

Después de regañar al joven Marius Suzanne por no haber cuidado lo suficiente su salud, Eugenio le había pedido que descansara un poco más en Aix. Allí, sin embargo, el joven sacerdote no podía contener su entusiasmo misionero y se entregó al ministerio de la confesión.

Verás por lo que acabo de decirte que no has interpretado mal mi pensamiento quedándote unos días más en Aix; únicamente hubiese deseado que dosificaras las confesiones que has emprendido para poder tomar el descanso que te había prescrito imperiosamente.
No importa que no sintieses ya el cansacio, habías gastado tus fuerzas en las memorables misiones y retiros anteriores.

Carta a Marius Suzanne, 23 Abril 1823, EO VI n 102

Era una lección que el propio Eugenio tenía que aprender. Henri Tempier se preocupaba constantemente en forzar a Eugenio a vivir una vida equilibrada y a que descansara lo suficiente. Como Eugenio aprendió a poner esto en práctica a base de enfermedad y sufrimiento, intentó ayudar a los jóvenes Oblatos a no caer en la misma trampa de agotarse totalmente y no ser capaces de llevar a cabo su ministerio de un modo efectivo.

 

“El liderazgo es un papel activo; ‘liderar’ es un verbo. Pero el líder que intenta hacerlo todo se dirige al agotamiento, y con una urgencia poderosa.” Bill Owens

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DIOS NO QUIERE LAS SOBRAS DE NUESTRO CANSANCIO

La preocupación de Eugenio por sus Oblatos era holística – incluía cada aspecto de sus vidas. Él quería que fuesen todo para Dios, grandes santos, miembros de comunidad dedicados y misioneros celosos preparados para dar sus vidas por sus ideales. Para llevar esto a cabo, sin embargo, necesitaban cuidar su salud. Eran jóvenes y enérgicos y en su generosidad y celo misionero sobrepasaban los límites de sus capacidades humanas. Eugenio tuvo que frenarles:

¡Pues bien!, ¿por qué te conduces de modo a abreviar tus días? ¡Cómo después de las fatigas y los sufrimientos de esa misión de Lauzet y del trabajo forzado en la misión de Tallard, en las que teníais que luchar contra el infierno y contra todos los elementos reunidos, la intemperie de una estación tan rigurosa que apenas las gentes del país podían aguantar, vuelves a Trallard, y para descansar predicas de nuevo dos veces por día y te olvidas del cuidado de tu conservación hasta confesar treinta horas seguidas!
¿Y desearías hijo mío que no estuviera descontento de tal conducta?
Por mucho que me digas que no te has cansado en absoluto, que comes y que duermes bien todo eso no me basta para tranquilizarme, tales excesos arruinan tu existencia. No quiero que te expongas a las consecuencias que podían haber ocurrido. He ahí algo que está claro para siempre.

Carta a Marius Suzanne, 23 Abril 1823, EO VI n 102

 

“Es nuestro mejor trabajo lo que Dios quiere, no las sobras de nuestro cansancio. Creo que Dios prefiere la calidad a la cantidad.”       George MacDonald

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ASEGURANDO LA FIDELIDAD CREATIVA EN LA VIDA DE LAS COMUNIDADES

Mientras, en Marsella, Eugenio le confió a Tempier la tarea de hacer una “visita” a la comunidad de los Misioneros en el Calvario. El término “visita canónica” en la vida religiosa hace referencia a una visita oficial y un análisis de la vida de una comunidad por el superior general o alguien delegado por él. No era una inspección subjetiva por parte del superior, sino una evaluación de la comunidad de cuán fielmente estaban los Misioneros viviendo el carisma en su vida espiritual y comunitaria, y de cómo se expresaba esto en sus actividades misioneras. La única directriz era la Regla de Vida que habían redactado y aceptado en 1818. De este modo, se insistía incesantemente en la fidelidad a esta Regla y a su espíritu.

Es urgente establecer la Regla tal como debe ser observada en todas partes.

Una parte de la marcha fluida de una comunidad y de su misión consistía en guardar registros y crónicas. Eugenio particularmente quería que cada comunidad hiciera sus propias crónicas (‘un códex histórico’) de sus actividades para una referencia futura. Los historiadores hoy día lamentan que los Oblatos del pasado estuvieran siempre demasiado ocupados con su ministerio como para conservar sus crónicas hasta la fecha y por ello nos encontramos muchas lagunas en nuestro conocimiento de la historia de la familia Mazenodiana.

Entre otras cosas no descuidéis los libros registros indicados, en los que consignaréis la historia de nuestro establecimiento en Marsella haciéndola re montar hasta la misión.[ed. la misión de la ciudad llevada a cabo en 1820]

Carta a Henri Tempier, 3 Abril 1823, EO VI n 101

Todavía hoy, la Regla de Vida Oblata continúa haciendo eco de estos sentimientos de Eugenio:

Por su oblación, cada Oblato asume la responsabilidad del patrimonio común de la Congregación expresado en las Constituciones y Reglas y en nuestra tradición de familia. Se le exhorta a dejarse guiar por estas normas con una fidelidad creativa a la herencia legada por San Eugenio de Mazenod.

CC&RR, Constitución 168

 

“No es sabio violar las reglas hasta que no sabes cómo observarlas”      T. S. Eliot

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LA DIÓCESIS DE MARSELLA – UN LOGRO PARA GARANTIZAR EL FUTURO DE LOS OBLATOS

Eugenio y su tío se vieron obligados a quedarse en París durante varios meses para preparar la ordenación episcopal de Fortunato y todo el trabajo con el Gobierno y la Iglesia para el restablecimiento de la Diócesis de Marsella, que no había existido como tal en 21 años. Tenían que establecerse las estructuras y designar a los que se iban a encargar de la administración. Por este motivo, Eugenio envió a Henri Tempier a pasar algún tiempo en Marsella para reunir toda la información que Eugenio y Fortunato necesitaran en París. A Tempier también se le consultaba cualquier decisión que debía tomarse. Una de ellas era a quién debía nombrar Fortunato como su segundo Vicario General, y Tempier sugirió el nombre del Padre Ricaud. Eugenio respondió:

Había pensado en el proyecto que me proponéis. El Sr. Ricard es ciertamente muy apto para inspirar confianza, pero no os ocultaré que mi tío ha puesto los ojos en otro, y ese otro es Vd. Comprendo todo cuanto podríais responder, pero esa es su idea.

Carta a Henri Tempier, 21 Mayo 1823, EO VI n 104

Eugenio apoyó la idea pues él veía que estaba “en los intereses de la Sociedad” de los Misioneros “conseguir este logro” que él consideraba “sabio y muy apropiado”.

Eugenio le recalcó a Tempier que el nombramiento de Fortunato como Obispo de Marsella estaba motivado por la necesidad de asegurar el futuro de los Misioneros teniendo un Obispo que protegiera sus intereses y les diera estabilidad:

Pero hay que decirlo, el bien de la Sociedad ha influido mucho también en las gestiones que he creído deber realizar. Hay que rendir también justicia a mi tío, ese mismo motivo le ha causado siempre gran impresión, y si ha podido felicitarse por su promoción ha sido en gran parte por la esperanza de hacernos bien. Es cierto por otra parte, que no hubiese nunca aceptado la carga, realmente demasiado pesada para él, de no haber realmente contado con mi ayuda y la de nuestra Sociedad.

Eugenio resume las razones por las que ha promovido tan activamente el nombramiento de Fortunato como

obispo para facilitar a nuestra Sociedad, los medios de hacer el bien en la Iglesia, para consolidar su existencia, etc. No puedo en conciencia, después de haber contribuido tan poderosamente a su elevación, no proporcionarle los medios indispensables para cumplir dignamente lo mejor posible con mi deber.

Carta a Henri Tempier, Junio 1823, EO VI n 107

De este modo, Henri Tempier se uniría a Eugenio en Marsella para permanecer a su lado hasta 1861.

“Este fue una de las cruces más pesadas que el Padre Tempier cargó valientemente durante casi los siguientes 40 años.” Yvon Beaudoin

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EL PRIMER OBLATO EN MORIR

Jourdan nunca se recuperó de la angustia mental que por la que tanto sufrió y murió el 20 de abril de 1823, pocos meses después de su oblación. De este modo, fue el primer oblato de la Sociedad en morir.

“El padre Courtès, que fue su superior durante su tiempo en Aix, escribió estas líneas, las únicas que encontramos sobre las circunstancias entorno a su muerte: “La personalidad [del padre Jourdan] era dulce, tímida y tendía hacia la escrupulosidad.” El Padre de Mazenod le había escrito varias cartas desde París “para dar consuelo a una conciencia totalmente desorientada”. Todo buen consejo que le dio fue en vano. La enfermedad estaba progresando de un modo alarmante. La persona que durante ese tiempo estuvo a cargo de la casa de Aix, demasiado inexperto para diferenciar entre una cuestión de moralidad que encontraba su origen en la mera escrupulosidad y aquella que pudiera surgir de una aberración mental, nunca pensó en adoptar medidas extremas hasta que fue demasiado tarde. Bourrelier estuvo al lado de la cama noche y día. “Un momento de falta de atención por parte del que lo custodiaba tuvo consecuencias lamentables. Finalmente, el desdichado enfermo, habiendo agotado su fuerza moral y física, murió un domingo. El Padre Jourdan tenía los elementos para encajar en una vida comunitaria. Dulce y humilde, edificaría, durante un largo tiempo, la Sociedad por su regularidad y su obediencia, si su escrupulosidad, demasiado subestimada, no hubiera dañado su cerebro ni destruido una vida todavía muy joven…” Citado por Yvon Beaudoin en “Jourdan, Jacques Antoine” en el Diccionario Histórico Oblato, Volumen 1.

Eugenio escribió a todos los Oblatos para tranquilizarlos:

Qué te diré, mi querido hijo, sobre la desgracia que nos ha consternado. Estoy pasmado Y apenas puedo creerlo, pero no comparto tus temores sobre la salvación de su alma. He acabado ayer con la mayor confianza las cinco misas que nuestras Reglas prescriben y como lo habían hecho también los demás Padres, espero que Dios lo habrá librado del purgatorio y que goza a estas horas de la gloria del cielo.

Era un alma hermosa. ¿Quién sabe?, tal vez ese pobre hermano no había nunca pecado mortalmente. ¡Oh! lo repito, tengo la mayor confianza de que está salvado.

Carta al Padre Sumien, 2 Mayo 1823, EO VI n 103

Tres años después, reflexionando sobre este suceso, Eugenio escribió a Henri Tempier:

Nosotros podríamos contar con nuestro pobre Jourdan, que era bien santo, cuyo género de muerte no podría imputarse a su voluntad.

Carta a Henri Tempier, 24 Mayo 1826, EO VII n 242

 

“La fe saca el veneno de cada dolor, toma el escozor de cada derrota y calma el fuego de cada dolor; y sólo la fe puede hacerlo.” Josiah Gilbert Holland

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UNA CONSTANTE FUENTE DE APOYO

Eugenio concluye su carta a Jourdan instándole a rezar cada día y especialmente a que considere la eucaristía como su fuente de apoyo.

Guárdese de apartarse un solo día del altar; es ahí donde debéis sacar vuestra fuerza. En el momento de la comunión, dígale amorosamente “todas vuestras penas: “vim patior, responde pro me” [ed. Is. 38, 14: “Oh Señor estoy oprimido ¡sé mi seguridad!]
Abrace sus pies espiritualmente, protéstele que no os separaréis jamás de él, que queréis amarle siempre, colocadlo después en vuestro corazón y no os preocupéis de nada. He ahí lo que el Señor me manda que os diga.
Adiós, os abrazo muy tiernamente encomendándoos a nuestra buena Madre María.

Carta a Jacques Antoine Jourdan, 30 Marzo 1823, EO VI n 99

 

“Y cuando no puedas soportarlo, Él te sostendrá entre Sus brazos.”    Francisco de Sales

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