Archive for diciembre, 2012

PAUSA POR NAVIDAD

San Eugenio nos hablara de nuevo el lunes 07 de enero.

Les recuerdo que todos los escritos del blog (695) están siempre en el sito – y que pueden buscar una palabra o un tema utilizando el “search” de la página de inicio.

 ¡Feliz Navidad!

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ALEGRÍA FAMILIAR

Un momento de gran alegría familiar para Eugenio fue la ordenación de Alexandre Dupuy al sacerdocio en Aix. Fue una alegría para la familia de los Misioneros de Provenza, que uno de sus miembros fuera ordenado e iniciara su ministerio, al igual que para la familia de la Congregación de los Jóvenes, pues celebraban un parteaguas en la vida de uno de sus miembros:

… la ordenación y el día de la primera Misa del Sr. Alejandro Dupuy, sacerdote de la Misión y congregante desde hace seis años.
Fue ordenado el 16 de junio en la iglesia del seminario y dijo la primera Misa en la iglesia de la Misión, a las 8. Los congregantes se sintieron obligados a hallarse ese día en la Congregación y sacaron ciertamente mucho provecho de las gracias que desde el nuevo sacerdote se repartían por toda la asamblea. Después de la Misa mayor, todos los oficiantes entraron en el coro, donde el neopresbítero impuso las manos primero a los sacerdotes y a los otros eclesiásticos, y luego a todos los congregantes que se presentaban de dos en dos…
Esta ceremonia despertó el fervor en todos los corazones; en efecto, no se puede ver nada más emotivo y más imponente a la vez.

Diario de la Congregación de Jóvenes, Junio 17, 1821, EO XVI

Otra razón para la alegría familiar de este día, era la cercanía de Eugenio y la madre de Alexandre Dupuy. Yvon Beaudoin nos explica:

Alexandre Dupuy nació en Aix el 29 de noviembre 1798. Sus padres no han sido identificados. Madame Joannis, abuela de Eugenio de Mazenod, pagó su cuidado y educación hasta que entró al noviciado de los Misioneros de Provenza el 3 de octubre de 1816.

Sus primeros años estuvieron a cargo de la esposa de un granjero en una granja de Madame Joannis en el área de Banon, cerca de Aix. Fue bautizado públicamente a los siete años de edad en la Catedral de St-Sauveur en Aix. Sus primeros estudios se realizaron en primer lugar con Roze-Joannis, sobrino de Madame Joannis y después con los Frères Gris (Hermanos Gris). Su educación secundaria quedó a cargo del seminario menor de Aix. Por último, siguió la formación de los novicios y escolásticos Oblatos en Aix y Notre-Dame du Laus. Fue ordenado el 16 de junio de 1821.

“Dupuy, Alexandre (1798-1880)”, en el Diccionario Histórico Oblato, Volumen 1

 

Encontraremos a Alexandre Dupuy de forma regular en nuestra investigación futura de la vida y escritos de Eugenio, pues estuvo cerca de él a lo largo de su vida.

“Vengan a trabajar por el Señor. El trabajo es duro, las horas largas y poca paga, pero los beneficios de retiro son fuera de este mundo.”      Anónimo

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EL AYUNO Y LA OBLACIÓN

Era el tiempo de Cuaresma – una época marcada por la Iglesia con leyes severas y detalladas de ayuno. Eugenio, en su espíritu de oblación, deseaba ser generoso en todos los aspectos. Deseaba ser fiel en su observancia, sin embargo, se encontraba en medio de la predicación de su tercer larga y extenuante misión parroquial en cuestión de meses. El ayuno estaba afectando su fortaleza, por lo que escribió a Hippolyte Courtès en Aix, pidiéndole consultar con el doctor de Eugenio.

Esta carta nos muestra cómo Eugenio deseaba permanecer fiel a las leyes de la Iglesia, pero al mismo tiempo, debía ser realista. Por otro lado, incluyo esta comunicación, pues nos da una idea fascinante de su estilo de vida y dieta al encontrarse en una misión.

Me reprocho cada día el haber olvidado tomar una precaución que tranquilizaría mi conciencia a propósito de los ayunos, que no observo durante esta misión. He actuado razonablemente y con autorización de mi confesor y presumiendo la decisión del médico; pero todos los días me digo que hubiese sido mejor tener una orden formal del doctor. Pídele pues de mi parte si juzga que después de haber terminado las misiones de Chateau-Gombert y Brignoles sobretodo, que me han cansado algo, y debiendo en San Chamas predicar casi todos los días dos veces con bastante vehemencia, durmiendo sólo cuatro horas, ¿puedo comer por la tarde una sopa de arroz o de sémola con leche de almendra con una naranja? Si le parece que basta la sopa, me privaré de la naranja, que tomaba con gusto con la idea de que me refrescase la sangre, que está a veces algo irritada. Por otra parte cualquiera otra cosa me repugnaría después de esa sopa que tomo siempre con asco.
Por la mañana tomo dos o tres cucharadas de agua caliente azucarada antes de subir al pulpito. Por la tarde, siendo más larga la instrucción y más animada, tomo un vino caliente con azúcar, porque he comprobado que esa bebida, que es una gran penitencia para mi, me fortifica singularmente el pecho y la voz.
El sábado ayuno en regla, porque sólo predico por la tarde, y que al día siguiente tomo después de misa una taza de chocolate

Carta a Hippolyte Courtès, 31 de marzo de 1821, EO VI núm. 65

 

La oración es ir tras lo invisible; el ayuno es dejar ir todo lo visible y temporal. El ayuno ayuda a expresar, profundizar y confirmar la resolución de nuestra presteza a sacrificar lo que sea, aún a nosotros mismos, para lograr lo que buscamos por el reino de Dios.”    Andrew Murray

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EL LIDERAZGO ES EL OTRO LADO DE LA MONEDA DE LA SOLEDAD

Estando a cargo del ministerio de mantener a todas las comunidades en armonía con el espíritu de fundación, el papel de Eugenio no era siempre placentero, en especial cuando la debilidad humana se interponía en el bienestar común y el superior había de corregir al resto. Aquí vemos a Eugenio buscando un fuerte apoyo de parte de Henri Tempier, su primer compañero y confidente. El amor común a Dios, su pasión por llevar este amor salvador a los más abandonados y su amor por los Misioneros fue lo que unió a estos dos hombres. Es evidente, como San Pablo en su relación con algunos de sus trabajadores evangélicos, que había un fuerte lazo entre Eugenio y Tempier, que era la fuente de fortaleza de Eugenio en sus momentos de soledad como superior.

… En cuanto a Vd. nada tengo que añadir a lo que conocéis de mis sentimientos hacia Vd.; os quiero tanto como a mí mismo y mi confianza en Vd. es tal que me sería imposible ocultaros el más pequeño de mis pensamientos. Creería hacer un robo, un crimen en contra de esa amistad que no me perdonaría.

Carta a Henri Tempier, 1° de abril de 1821, EO VI n. 66

 

“Es mejor guiar desde atrás y poner a los demás por delante, especialmente al celebrar la victoria y al suceder cosas agradables. Al tomar el primer lugar cuando haya peligro, será entonces que la gente apreciará tu liderazgo.”     Nelson Mandela

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EN TANTO SEA EL SUPERIOR, SOY YO QUIEN DEBE GUIAR

En esta carta, encontramos a Eugenio continuando su esfuerzo por establecer y mantener un espíritu de unidad entre las tres comunidades de Misioneros. Se encontraba lejos predicando largas misiones parroquiales, por lo que escribió a Hippolyte Courtès, superior interino en Aix durante su ausencia. Este joven hombre tenía 32 años de edad y había sido ordenado sacerdote hacía menos de ocho meses – de ahí la carta de dirección de Eugenio en cuanto a decisiones prácticas para llevar la casa de Aix.

No hay duda de que siendo el superior de la casa, tengas el derecho de hacerte dar cuenta de lo que hace el ecónomo, por eso no he dudado en decirte que tú debías tener el ojo en todo; pero tu autoridad no se extiende hasta cambiar las instrucciones que le han sido dadas por tu superior a tí. No debe hacer nada sin prevenirte en cuanto a esas mismas cosas que le han sido prescritas;

La intención de este consejo no se refiere a la autoridad, sino al liderazgo al servicio del espíritu común. Es Eugenio, como responsable del bienestar y unidad del grupo, quien tiene la tarea de guiar. Se trata de tener autoridad en beneficio del servicio.

para aquellas que propondría por su iniciativa debe obedecer, y tu debes siempre, en tus resoluciones, conformarte al espíritu que me guía en mi administración, porque mientras sea superior, soy yo quien debe dar el impulso, y todos deben seguirlo, piensen lo que sea.
Si no hubiera dificultades en el rodaje, no existiría más la unidad en el gobierno y por consiguiente se seguiría el desorden. Es el caso de cualquier gobierno. Añado que en aquellos que están basados sobre las virtudes religiosas, habrá que hacer algo más, es decir que se esfuercen en adquirir la suficiente humildad, para creer saber menos o tener menos gracias que el superior, y por consiguiente, no temer conformar su juicio al de él..

Carta a Hippolyte Courtès, 14 de marzo de 1821, EO VI núm. 64

Hoy en día el papel de quienes se encuentran en posiciones de autoridad en los Oblatos, se resume como

Los superiores son un signo de la presencia del Señor, que está en medio de nosotros para animarnos y guiarnos. Impulsan a sus hermanos a vivir de acuerdo con su vocación de Oblatos, al mismo tiempo que les ofrecen el apoyo que necesitan. A ellos incumbe, en un espíritu de corresponsabilidad, dirigir su comunidad, tomar las decisiones, alentar las iniciativas y poner en marcha los planes de acción en conformidad con el espíritu y las normas de las Constituciones y Reglas.

Constituciones y Reglas, Constitución 81

 

La función del liderazgo es producir más líderes, no más seguidores.”    Ralph Nader

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EL LÍDER DE LA COMUNIDAD COMO EL VÍNCULO VIVIENTE DE LA UNIDAD

Eugenio continúa su reflexión de mantener la unidad en el pequeño pero creciente grupo de Misioneros. Su papel particular como Superior General fue el asegurar que cada miembro viviera por el espíritu de la fundación. Los superiores locales de cada comunidad compartían esta responsabilidad.

Libre es cada cual individualmente en nuestra Sociedad para dirigirse al Superior a fin de comunicarle sus ideas sobre todo y hasta sobre el cambio y la mejora de lo que está confiado a su disposición;
los superiores locales tienen una obligación más estricta
todavía, pero nunca jamás será permitido tomar la iniciativa de cambiar, de perfeccionar si queréis, unos usos en vigor en toda la Sociedad, aún con cualquier cláusula o restricción que queráis poner en ello.
Las reflexiones individuales y sugerencias de cambio no eran represivas, pero debían ser presentadas en la reunión de toda la Sociedad, llamada Capítulo General, que tenía el poder de tomar decisiones que afectaban a todo el grupo y cambiar las Reglas:
La época del Capítulo General se acerca, si no me equivoco, y será el momento entonces de proponer todo cuanto os guste.
Esa Asamblea tendrá el derecho de discutir y deliberar y sus resoluciones serán valederas; hasta entonces no hay de legítimo sino lo que está ordenado por el Superior General…

Carta a Henri Tempier, 13 de marzo de 1821, EO VI núm. 63

Este papel se ha mantenido a lo largo de nuestra historia y se expresa hoy en día como:

El Superior general es el vínculo viviente de unidad en la Congregación. Con el ejemplo de su vida, con su celo apostólico y su afecto a todos, estimulará la vida de fe y de caridad de las comunidades para que respondan más generosamente a las necesidades de la Iglesia.

CC&RR, Constitución 133

“El liderazgo efectivo es dar prioridad a las cosas importantes. La administración efectiva es la disciplina de realizarlas.”     Stephen Covey

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MANTENIENDO LAS COMUNIDADES EN UNIÓN CON EL CARISMA DE LA FUNDACIÓN

A primer vista, estas palabras escritas a Henri Tempier, quien fue el primer superior de la comunidad de Laus, podrían parecer como las de un superior controlador autocrático, que deseaba tener la última palabra en todo.

… No deberíais sufrir y todavía menos autorizar las gestiones tan contrarias al buen orden. ¿Nos hemos transformado en una república o bien en un gobierno representativo? ¿Os toca establecer nuevos usos, y la comunidad de Ntra. Sra. de Laus tiene el derecho de deliberar, de representar aún en colaboración la menor de las cosas? No ciertamente. Por eso, todo cuanto ha sido hecho debe ser mirado como no recibido, abusivo y diametralmente contrario al espíritu de nuestras Constituciones.

Carta a Henri Tempier, 13 de marzo de 1821, EO VI n. 63

De hecho se trata de las palabras de un hombre que se ha convencido de que la fundación de los Misioneros de Provenza provenían de Dios. Fue por la inspiración de Dios que este grupo llegó a existir, y fue bajo la guía de Dios que el espíritu del grupo se había expresado y consagrado en las Reglas de 1818. Juntos, en la reunión del Capítulo General, habían discernido la voluntad de Dios para ellos y habían aceptado las Reglas como expresión de ello. Fue por ello que no podía haber cambios arbitrarios.

Todas las comunidades se vinculaban a las Reglas y no podrían verse como una “república independiente.” Había un solo espíritu para los Misioneros y cada comunidad había de vivir de acuerdo a él. La mayor preocupación de Eugenio era su responsabilidad ante Dios de mantener fielmente lo que había sido confiado a su cuidado.

Era una época crítica para los Misioneros, pues al iniciar una tercer comunidad, era esencial mantener el mismo espíritu familiar en cada una de ellas. No contaban con los medios de comunicación instantánea que tenemos hoy en día, así que la forma de asegurar la unidad era seguir lo expresado por las Reglas.

Actualmente, nuestras Reglas de Vida mantienen la preocupación de Eugenio por la unidad, al hablar al Superior General y su consejo:

Velarán ante todo por asegurar la fidelidad de la Congregación al impulso apostólico que el Fundador le legó bajo la inspiración del Espíritu.

CC&RR, Constitución 131

 

El liderazgo es la transferencia de la visión.”     Hal Reed

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UNA INVITACIÓN A LA TRANSFORMACIÓN BAJO LA SEÑAL DE LA CRUZ

Marius Suzanne describe la ceremonia a través de la cual los Misioneros dieron inicio a lo que sería el ministerio Oblato que duraría 161 años. El Calvario se convirtió un lugar permanente de misión para la gente de Marsella, continuando la evangelización que había dado inicio durante la misión en la ciudad el año anterior.

Aunque la ceremonia había sido anunciada el mismo día, la multitud era enorme: una reunión impresionante de gente de todos los estratos llenaba la plaza y el área circundante. Se trataba de un día de celebración para la gente que hacía un reconocimiento a los Misioneros que les habían evangelizado.

El discurso del Superior estuvo lleno de emotividad, dignidad y sencillez natural. Recordó el fruto de la misión, el entusiasmo general que lo había animado, y dijo

“Fue a través de hombres débiles que Dios había realizado tan grandes cosas, pero fueron los hombres, animados y fortalecidos con la mayor valentía por motivo de la misión que el Obispo les había confiado al entregarles la cruz, diciendo: Sumite signum, in hoc signo vincetis. Tomen esta señal y será por ella que lograrán la conquista.”

Entonces, volviéndose a quienes habían perseverado y a los pecadores que habían fallado, aseguró a cada uno de la dedicación del ministerio de los Misioneros. Por último, volviéndose a los clérigos, dijo que la ceremonia se realizaba como una alianza mediante la cual los misioneros y sacerdotes se unían y consagraban al pie de la cruz para la salvación de la gente a la que habían sido enviados por el primer Pastor de la Diócesis, en respuesta al deseo y esperanza que sus fervientes cooperadores le habían expresado.

“Todos se encontraban satisfechos con su discurso y la gente escuchaba en silencio: la voz del Superior reverberaba en la distancia y se entendía a la perfección. Todas las caras mostraban felicidad: era como la renovación de la Misión. A partir de ese día, los Misioneros ofrecen Misa en el Calvario, que nunca se encuentra vacío.

Memorias de M. Suzanne, citadas en Rey I

 

Dios tomó lo peor que el hombre pudo hacerle a Su Hijo y lo transformó en lo mejor que pudo hacer por el hombre. “     Anónimo

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ACEPTANDO ATENDER LAS NECESIDADES DE LOS PEREGRINOS POBRES

Algo de información previa respecto a esta nueva misión en Marsella:

Teniendo la carta oficial cuidadosamente escrita, el Padre de Mazenod partió el mismo día con el Hermano Suzanne, seguidos no mucho después, por los Padres Maunier y Moreau, pues la instalación había sido programada para realizarse al día siguiente, 6 de mayo. Aunque improvisada, la ceremonia estuvo rodeada de la importancia y solemnidad digna de la ciudad. El Padre Vigne, vicario-general, quien residía en Marsella, la presidió en nombre del Obispo de Bausset. Una larga procesión, que incluyó a los clérigos de la ciudad, las fraternidades de penitentes, los Hermanos de las Escuelas Cristianas, todos los pastores locales y una inmensa multitud salieron de la iglesia de San Martín, escoltando al Fundador y sus tres hermanos, al santuario confiado a su cuidado. Los cuatro tuvieron un lugar de honor en la procesión, detrás de los pastores ordinarios y directamente antes de los canónigos.

Leflon Volumen 2, pág. 182

Su ministerio a los peregrinos en el Calvario dio inicio de inmediato. Dos años después:

En 1823, el Padre Dupuy dijo que el número de peregrinos se incrementaba. En ciertas festividades, el anexo, que sólo podía alojar a varios cientos, se encontraba más que rebosante con la gente que llegaba especialmente de los sectores más poblados de la ciudad que rodeaban al Calvario. Los misioneros se encontraban en su elemento y se dedicaban celosamente a atender las necesidades de los peregrinos pobres.

Yvon Beaudoin, “Marsella, El Calvario” en el Diccionario Histórico Oblato, Volumen 1

 

La religión apunta al área de la experiencia humana donde de una u otra forma, una persona se encuentra con el misterio del llamado al peregrinaje.”        Frederick Buechner

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UNA DOSIS DE REALISMO

Habiendo accedido a enviar algunos de sus Misioneros a Marsella a realizar el ministerio con los jóvenes huérfanos, Eugenio se sorprendió cuando el Arzobispo comenzó a insistir en que también debían aceptar el ministerio del Calvario (nombre con el que se referían a la colina del Calvario, donde se encontraba la cruz que habían colocado en la misión).

Era maravilloso que Eugenio tuviera sueños generosos de misión, pero al ver al personal con el que contaba después de tres misiones (Aix, Laus y Marsella) y el demandante ministerio de predicar largas misiones parroquiales, la realidad hizo su aparición ante él: eran sólo ocho sacerdotes!

El historiador Leflon nos cuenta la historia:

Dos semanas después, con una prisa que no puede sino sorprendernos, al igual que sorprendió al mismo Padre de Mazenod, el Obispo le autorizó a partir de inmediato a Marsella y tomar posesión del Calvario, que había sido erigido para conmemorar la misión de 1820. Guigou, el vicario-general, fue designado por el Arzobispo para notificar a la parte interesada de esta orden formal, que debía realizarse de inmediato. Sorprendido por tan pronta e inesperada resolución, el Fundador dudó del mensaje que había recibido. Fue entonces requerido en el palacio del Arzobispo, adonde acudió acompañado del hermano escolástico Suzanne, quien refiere el siguiente reporte de lo presenciado:

El Obispo urgió al Padre de Mazenod, incluso alegó con él, y el Superior seguía repitiendo la misma respuesta:

’Obedeceré si se me ordena, pero estoy seguro que será en detrimento de mi comunidad.’ …

Urgió de nuevo al Superior y notando que aún dudaba, el prelado se dirigió al Hermano Suzanne, tomó las manos del subdiácono y le dijo, ‘Venga Hermano; persuada a su Superior de ir y tomar posesión del Calvario.’ Finalmente, cediendo ante tan fervientes súplicas, el Superior declaró estar listo para obedecer y el arzobispo abrazándolo, dijo ‘Bien, entonces; prepárese para partir hoy. El Padre Guigou le entregará una carta que deberá llevar consigo.’

Leflon Volumen 2, pág. 181

Eugenio le confió a Henri Tempier:

Llego de Marsella para terminar el asunto de nuestro establecimiento… Pero ¿cómo vivirá nuestra comunidad? No lo sé.

Carta a Henri Tempier, 26 de abril de 1821, EO VI n. 67

Desde el punto de vista humano, requería un gran acto de fe, pues había reconocido el llamado de Dios en dicha situación, a través de la voz del Arzobispo. Se trataba de “El llamamiento de Jesucristo, que se deja oír en la Iglesia a través de las necesidades de salvación de los hombres ” (CC&RR, Constitución 1).

 

“Buscamos la ayuda de Dios cuando nuestros cimientos se cimbran, sólo para reconocer que es Dios quien los sacude.”    Charles West

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