Archive for septiembre, 2011

OBRAR SIEMPRE EN PERFECTA DEPENDENCIA DE LA VOLUNTAD DE DIOS, CON PERFECTA LIBERTAD DE ESPÍRITU, EN UNIÓN CON DIOS

Las notas de retiro de Eugenio continúan con muchas resoluciones sobre su vida de oración, devoción a la Eucaristía, oración con el breviario, etc. Dándose cuenta de cuanto pueden sus ocupaciones distraerlo de sus momentos formalmente dedicados a la oración, expresa una actitud de importancia capital:

Como además habitualmente se me interrumpe, y con mucha frecuencia me es imposible, a pesar de la mejor voluntad, hacer ciertos ejercicios en el tiempo prescrito y hasta a veces me veo obligado, con gran pesar, a eximirme de ellos, es indispensable que encuentre un medio para suplirlos y obviar este inconveniente. No hay otro, a lo que creo, que el de obrar siempre en perfecta dependencia de la voluntad de Dios, con perfecta libertad de espíritu, uniéndome a Dios por un movimiento interior de adhesión a lo que le plazca ordenar en ese momento, persuadido de que eso y no otra cosa es lo que él quiere que haga.
Encuentro esto como un resumen maravilloso de oblación y el espíritu en el cual vivirlo. Es tener la actitud de ofrecerse totalmente a Dios, en un espíritu de libertad del ser para estar disponible a lo que hay fuera de mí y estar en unión total con Dios. Nos explica además:
Si actúo con estos sentimientos, la acción que me interrumpe y me contraría será más meritoria que aquella que yo hubiera preferido hacer.
Regla esencial: elevar el corazón a Dios antes, durante y después de la acción, obrar siempre con espíritu de fe

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

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UN POCO MÁS DE ORACIÓN Y MUCHO MENOS DE PREOCUPACIÓN Y DE TENSIÓN

Tengo que persuadirme realmente de que Dios se sirve de los hombres para sus obras, pero no tiene necesidad de ellos. Así promoveré mucho más las cosas cuya dirección se digna confiarme, viviendo infinitamente más en dependencia de él y poniendo menos preocupación por el éxito. Un poco más de oración, y mucho menos de preocupación y de tensión.
De acuerdo a esta reflexión, tomo la resolución de arreglarme para hacer más oración de la que hecho hasta ahora. Ahí es donde debo habituarme a tratar mis asuntos y los de nuestra comunidad, de la juventud, etc.
A más de la oración de la mañana, en común con todos los otros, robaré algunos instantes durante la tarde para continuar ese ejercicio ante el Santísimo Sacramento si es posible.

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

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RECONOCER DE POR VIDA SU LUCHA DE SER MALHUMORADO CON LOS DEMÁS AL ESTAR CANSADO

Mi sangre está tan agitada que siento que mi vehemencia se ha duplicado, lo que me hace faltar a menudo a la caridad, etc.
No poseo mi alma en paz. El menor obstáculo, la menor contrariedad me subleva. Rechazo, con modos meramente humanos, las oposiciones que debería superar y vencer solo con la paciencia..

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

 La comunidad de misioneros debe haber sufrido sus arrebatos, pues en su carta dirigida a ellos desde el lugar donde se encuentra en reposo, escribe:

Ya que lo queréis haré provisión de salud. Quisiera también proveerme de virtudes, para no ser un sujeto de escándalo entre vosotros. Pero el segundo trabajo no es tan fácil como el primero. No tengo gran esperanza de lograrlo; pedid a Dios la gracia de poderme aguantar.

Carta a “mis queridos hermanos misioneros, Aix, julio-agosto 1816, E.O. VI n 12

 Esta oración para que los demás soporten su brusquedad debe haberse repetido muy a menudo durante toda su vida, cuando el cansancio y la preocupación lo hacían irritable! Fue una lucha incesante hasta el final de su vida.

De ahí provienen acaso, tanto como de mi vehemencia natural, esos movimientos interiores de impaciencia, que incluso se manifiestan fuera a menudo y que escandalizan a los que son testigos.
Trabajaré, pues, también por esta hermosa virtud de la mansedumbre. Me animaré con el pensamiento de que ya había progresado algo en ese campo, pero desde que las ocasiones se han hecho más frecuentes y más difíciles, casi he vuelto a mi estado natural. Esperemos que con la ayuda de la gracia tenga más suerte en el futuro.

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

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UNA INVITACIÓN PARA RESTABLECER LA ARMONÍA ENTRE EL “SER” Y EL “HACER”

Desde el primer día en que estuvieron juntos los Misioneros, Eugenio insistió en la calidad de vida de todos los miembros y en la importancia de “ser” personas de Jesucristo antes de su “hacer” como hombres de acción. Debían preocuparse de la calidad de su humanidad, ser profundamente cristianos y luchar por su santidad antes de poder predicar a los demás. La calidad del “ser” del misionero sufriría si el “hacer” se volvía exagerado, convirtiéndose en un círculo vicioso.

Durante su retiro, Eugenio cayó en cuenta que no había vivido en armonía estos dos aspectos y ahora sufría las consecuencias de forma intensa.

Me veo obligado a reconocer que la multiplicidad de ocupaciones que me abruman, ha causado un perjuicio infinito al cumplimiento de las resoluciones que había tomado por inspiración de Dios.
Esta agitación continua en la que me hallo trae un perjuicio increíble a mi vida interior; y el modo en que cumplo mis empleos daña visiblemente mi salud.
Hay que arreglar pues todo eso.

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

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LA RESPONSABILIDAD DE GUIAR A TRAVÉS DE LA CALIDAD DE SU VIDA

Hasta ahora los retiros de Eugenio se han centrado en él mismo y en su búsqueda de crecimiento espiritual y personal – todo ello en beneficio de su ministerio y de los más abandonados. Ahora, después de seis meses de existencia de los Misioneros bajo su dirección, surge un nuevo elemento: él es responsable ante su comunidad con su conducta y ejemplo.

Comprendía que debía vivir de acuerdo a los estándares que proponía a los demás. Debía guiar la calidad de su vida. De mantener el celo, su comunidad lo emularía, e igualmente, de ser indiferente, podría esperar lo mismo de los demás. Comprendió que donde esté el superior, estarán quienes son confiados a su cuidado.

Hasta ahora he podido mirarme como una persona privada que debe pensar en su salvación y hacer todo lo posible por alcanzarla. Está bien, pero, etc.
Ahora debo hacer una reflexión de capital importancia, y es que mi posición ha cambiado. Antes, si yo era flojo o tibio, era ciertamente una gran desgracia para mí, pero era fácil poner remedio y las secuelas no eran funestas para otros. Hoy, si no soy fervoroso y santo, se resentirán las obras que el Señor me ha confiado, el bien languidecerá y yo seré responsable de todas las consecuencias de ese desorden.
Estímulo poderoso para renovarme en el espíritu de mi vocación y tomar las medidas eficaces para hacerme santo.

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

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EL ESTAR CONSCIENTES DE LAS AMOROSAS ACCIONES DE DIOS NOS LLEVA A ÉL

Al volver de celebrar Misa en una parroquia cercana, Eugenio comparte su reflexión con la gente. Su propia experiencia de conversión, cerca de nueve años antes, fue precisamente el darse cuenta de cuánto Dios le amaba. Ahora invita a los demás a compartir la experiencia de conocer a Dios a través de tomar conciencia de Sus actos de amor en sus vidas.

Vuelvo de Mazargues donde he predicado. He dicho a esas buenas personas una cosa que me aplico a mí mismo, y es que hay que ir a Dios por la consideración de sus beneficios.
Somos muy ingratos, por cierto, si todo lo que Dios ha hecho por nosotros no nos conmueve.

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

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SERVIR AL PRÓJIMO COMO OCASIÓN DEL ENCUENTRO CON DIOS

Eugenio cae enfermo a causa del exceso de trabajo y actividades. En este tiempo de oración relfexiona sobre su estilo de vida y sus actitudes. Las innumerables exigencias de la misión han de continuar, pero habrán de transformarse en momentos de encuentro con Dios. En este texto podemos ver el reconocimiento de Eugenio a la invitación de Mateo 25: “Cuanto hicísteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicísteis”.

Debo ante todo convencerme bien de que hago la voluntad de Dios al entregarme al servicio del prójimo y al ocuparme de los asuntos externos de nuestra casa, etc. y luego, obrar lo mejor que pueda, sin preocuparme porque al trabajar de ese modo no puedo hacer otras cosas que quizá me atraerían más y me parecerían más útiles para mi propia santificación.
Si, por ejemplo, en el momento en que mi atractivo me llevara a contemplar las misericordias de J.C. en su sacramento, se me llama para confesar, debo dejar sin quejas y sin pesar a N. S. para cumplir el deber de caridad que su voluntad me impone.
Así también, si por cansancio del cuerpo y de la mente, quiero buscar algún descanso en una buena lectura o en la oración, etc. y los asuntos de la casa me obligan a hacer diligencias pesadas o visitas molestas, persuadido de que hay que dar siempre la preferencia a lo que Dios exige sobre lo que uno desearía, etc., no vacilaré y haré eso de tan buen talante que, en el supuesto de poder elegir, preferiría lo que exige el servicio que Dios me ha confiado a aquello que me gustaría más.
Mejor todavía, trataré de llegar a amar más lo que es más conforme a la voluntad del Señor, que es lo único que ha de regular no sólo mis acciones sino también mi afectos.
Si logro esto, todo está logrado. Pero he estado muy lejos de ello hasta el presente, por no haber reflexionado bastante y por haberme dejado guiar demasiado por el ardor natural que me hace llevar con impaciencia la ocupación o, si se quiere, el retraso que me impone cuando tendría otra cosa que hacer que miro a veces como más importante, y esto ocurre 50 veces al día.

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

Esta misma convicción se encuentra también en los escritos de San Vincente de Paul y no es de sorprender, pues la formación que Eugenio recibiera en el seminario Sulpiciano en París, tenía la influencia de la visión de San Vicente.

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MEJORAR SU ACTITUD HACIA EL MINISTERIO: ESTAR MÁS ATENTO A LA VOZ INTERIOR DE DIOS

Al continuar la reflexión en su retiro, es notoria la convicción de Eugenio en que uno debe “ser” para “hacer”. Al evaluar el bien que claramente ha emergido de su fundación de la congregación de jóvenes y la de los misioneros, evalúa la calidad de su “ser” en comunión con Dios como la fuerza que da vida a sus actividades.

He reconocido hoy que no me había equivocado y que ya se ha hecho algún bien por mi ministerio. Un bien que podría estimar muy grande, si considero menos lo que es en la actualidad que lo que puede producir después, si mis infidelidades no le ponen obstáculo.
La fundación de la juventud y la de las misiones han debido ser realizadas por mí porque Dios me había situado en una posición apta para ello. Pero cuánto mejor habrían resultado si yo hubiera puesto menos de lo mío, si hubiera sido más dócil a la voz interior de Dios, si trabajara más en mi propia perfección, al menos sirviéndome de todo lo que me distrae quizá, vista mi ligereza y mi disipación, para avanzar en vez de retroceder. A esto es preciso que llegue con la gracia de Dios

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

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DIOS ME PEDÍA GRANDES COSAS Y NO HABÍA PODIDO HACER MÁS QUE ANONADARME EN SU PRESENCIA

En su retiro en Amiens, previo a su ordenación sacerdotal, había dicho a Dios “Aquí estoy”. Recordando la ocasión, expresa ahora su deseo de profundizar esta oblación que le exhorta a trabajar en mejorarse a sí mismo.

En mi retiro de Amiens, al profundizar el proceder de Dios conmigo, había sacado la conclusión de que me pedía grandes cosas; y habiéndome convencido de antemano de que era un gran pecador, no había podido hacer más que anonadarme en su presencia, humillarme profundamente y luego decir: “Ecce adsum”, estimándome muy feliz de que el buen Maestro quisiera así brindarme el medio de descontar algo mis grandes pecados.

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

Para alguien muy familiarizado con las Escrituras, el “ecce adsum” de Eugenio le habría recordado el “sí” de Jesús en el Huerto de Getsemaní, el de María en la anunciación y el llamado de Samuel a seguir a Dios en su vocación.

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MIS FALTAS PROVIENEN PRECISAMENTE DE QUE ESTOY OCUPADO POR DIOS

En vez de permanecer culpándose de sus faltas, Eugenio las analiza dentro de un contexto más amplio. Siendo misionero, necesita evaluarse a la luz de ofrendar su vida a Dios y al prójimo. Es su oblación la fuerza que guía su vida.

Pero no puedo quitarme de la cabeza, y menos todavía del corazón, que, deseando procurar la gloria de Dios y la salvación de las almas que él rescató con su sangre, con todos los medios a mi alcance, aunque eso me costara sacrificar la vida, no puedo creer que este bondadoso Señor no me disculpe de nada, sobre todo cuando pienso que mis faltas provienen precisamente de que estoy ocupado, me parece que por su voluntad, en las obras de su gloria y de la salvación del prójimo.
¿Será todo esto una ilusión? ¿Será temeridad? No lo sé. Escribo lo que pienso, sin ostentación, sin afectación, pero con la voluntad de trabajar con todas mis fuerzas por corregirme y por obrar mejor en el futuro. Dios sabe que necesito esta confianza para actuar; por eso justamente parece que él me la da.

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

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