Archive for junio, 2011

LAS MISIONES POPULARES: CONTACTANDO CON TODAS LAS CLASES DE POBRES EN SUS MÚLTIPLES ASPECTOS

Nuestras Constituciones y Reglas Oblatas son claras sobre quiénes deben ser los destinatarios preferentes de nuestra misión:

Nuestra misión, en efecto, nos lleva en todas partes principalmente hacia aquellos cuya condición está pidiendo a gritos una esperanza y una salvación que sólo Cristo puede ofrecer con plenitud. Son los pobres en sus múltiples aspectos: a ellos van nuestras preferencias.

Constitución 5

Encontramos las raíces de este compromiso con “los pobres en sus múltiples aspectos” a través del ministerio de Eugenio y de los misioneros. En la misión de Marignane, por ejemplo, leemos:

Tras la bendición se despidió a los hombres. Las jóvenes y algunas señoras se reunieron en la capilla de los penitentes

Diario de la Misión de Marignane, el 24 de Noviembre de 1816, E.O. XVI

Las sesiones especiales o los días de retiro eran organizados por grupos específicos como los niños, las chicas jóvenes, las mujeres, los hombres y otros. Todo era en atención a llevar más directamente a cada persona a un encuentro con Cristo Salvador, de acuerdo a sus necesidades específicas según la edad y condición de vida. Sermones separados y días de retiro eran organizados para los hombres y para las mujeres, preparándoles para recibir la Comunión. La misa de general de Comunión era organizada también por separado: un Domingo para las mujeres y otro Domingo solo para los hombres –no sin un buen tiempo de preparación previo. De este modo, las necesidades específicas de cada uno eran satisfechas:

se congregó a las mujeres y a las jóvenes, a las 2 de la tarde, al toque de la campana grande, y se les habló de la acción que se disponen a hacer y de los medios para hacerla bien.

Diario de la Misión de Marignane, el 6 de diciembre de 1816, E.O.XVI

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LAS MISIONES POPULARES: CONTACTANDO CON LOS HOMBRES QUE HABÍAN DESPRECIADO LA PROCESIÓN EUCARÍSTICA

Vísperas a las 2. El Santísimo quedó expuesto durante las vísperas. Sermón sobre la adoración del Santísimo Sacramento. Inmediatamente después del sermón salió la procesión. Se había advertido la víspera que todos los que quisieran asistir a ella se procuraran una vela. Se había tenido cuidado de prevenir que se había previsto que las hubiera de todo tamaño, incluso de una onza, para que cada cual pudiera adquirirla a bajo precio. Se había dado a conocer cuál era la intención de la Iglesia en esa laudable costumbre…
Parece que no era menester tanto para suscitar el celo y el entusiasmo de la gente e inducirla a asistir a la procesión. Pero no fue así y la avaricia retuvo a cuatro quintas partes de esos hombres sin sentimientos; se contentaron con ver pasar la procesión, como si fuera un espectáculo que se intentaba ofrecer a su curiosidad.
La indignación de los misioneros llegaba al colmo, y el Superior quedó tan vivamente impresionado que al regreso de la procesión, cuando desde el púlpito hizo parar el Santísimo Sacramento en el umbral de la iglesia, creyó deber centrar principalmente el acto de desagravio que suele hacerse en esa circunstancia, en el ultraje que Nuestro Señor acababa de recibir por la despreocupación de una gente que habría debido este día implorar su misericordia y reparar con sus homenajes sus irreverencias pasadas.
A pesar de la inconcebible conducta de esos hombres despreocupados, la iglesia, llena de mujeres y de unos 150 hombres, todos con la vela encendida en la mano, presentaba un bellísimo espectáculo, capaz de conmover a cualquiera menos a los avaros.

Los misioneros de los más abandonados no podían ignorar a aquellos hombres que habían permanecido fuera de la iglesia y en consecuencia, al final de la ceremonia,

el Superior volvió a salir y les habló para alentarlos e invitarlos a pedir la admisión en la Congregación.

Más tarde, Eugenio señalaba en el Diario:

N.B. Creo que hemos hecho mal en no reunir a los hombres antes de Vísperas. Fue por falta de tiempo, ya que se salió de la iglesia a la una y había que empezar Vísperas a las dos. Estoy persuadido de que no habríamos experimentado ese disgusto si hubiésemos podido conversar familiarmente con esos hombres durante una hora como hemos hecho en otras partes. Habrá que acordarse de ello en otra misión.

Diario de la Misión de Marignane, el 8 de diciembre 1816, E.O. XVI

 

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LAS MISIONES POPULARES: APRENDIENDO DE MARÍA A SER DISCÍPULOS.

Para una población habituada a un trabajo físico duro, era esencial que la misión estuviera provista de algo más que sólo sermones para escuchar – la gente tenía que verse involucrada con sus sentidos y sus acciones. Uno de los medios para llevar esto a cabo eran las procesiones. Acompañadas por un sermón que les da su sentido, las procesiones llegaron a ser momentos de aprendizaje y consolidación del mensaje transmitido en la misión. Como los misioneros caminaban en la procesión con el resto de la gente, experimentaban la solidaridad en el camino de sus vidas. Los himnos cantados, las oraciones recitadas y la imagen que guiaba la procesión vinieron a ser momentos de enseñanza y oportunidades para la reflexión. Una de las procesiones siempre estaba centrada en María. Eugenio escribió,

La consagración a la Santísima Virgen se hace a la vuelta de la procesión que se realiza en honor de la Madre de Dios; es siempre de pleno rigor. Se hace desde el púlpito, ante la imagen de la Santísima Virgen colocada sobre un trono, tan bello como lo permita la región

Carta a Eugene Guigues, el 5 de noviembre 1837, E.O. IX n. 652

La procesión era el modo de llevar a la gente a realizar un acto de compromiso personal y comunitario para seguir el Evangelio de María, ejemplo de discipulado para el cristiano, y de tener a María por intercesora y guía.

El rezo del Rosario, su enseñanza y la propagación de su uso como una oración meditada del Evangelio también formaba parte del programa de las misiones.

 

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LAS MISIONES POPULARES: TRAYENDO EQUILIBRIO A LOS “DERECHOS DE HOMBRE”

La Revolución había dado a luz una Constitución y una Declaración de los Derechos Humanos – dos importantes documentos resaltados en Francia y por todo el mundo. Los misioneros deseaban introducir un equilibrio recordando a la gente los “derechos de Dios” en esta ceremonia, en la cual la Ley de Dios era promulgada. Eugenio explica su propósito y significado:

La nueva promulgación de la ley en un pueblo que había renunciado, de algún modo, a los preceptos divinos y que quiere volverse a someter al yugo amable del Señor, debe hacerse de una manera que deje impresiones profundas. Por eso es muy importante llevar a todos a prometer en voz alta su fidelidad, ante la interpelación del misionero, que repite desde el púlpito, con el pueblo, cada mandamiento promulgado desde el altar por el oficiante con voz sonora e inteligible, y luego lo comenta. .

Carta a Eugene Guigues, el 5 de noviembre 1837, E.O. IX n. 652.

Sevrin (Les missions I, p. 228-229) describe la solemnidad con la que esta ceremonia era llevada a cabo, poniendo dos tablas de la ley en frente del altar, las cuales contenían los Diez Mandamientos en grandes letras. Todos los ministros presentes le añadían solemnidad estando ricamente vestidos con capas y dalmáticas. El diácono cantaba el Evangelio de las Bienaventuranzas, que era comentado por el predicador recalcando el origen divino de la Ley del Sinaí. Cada mandamiento era leído solemnemente y repetido por la gente, que prometía observarlo.

Era una ceremonia realizada con toda la pompa posible para poner de relieve la ley divina y poner un contrapeso a los efectos de la Revolución. Ésta había entronado solemnemente la constitución y la Declaración de los Derechos Humanos, olvidando los derechos de Dios sobre su creación.

Hemos de remarcar que el Evangelio leído era el de las Bienaventuranzas. De este modo, el acento de esta ceremonia no se ponía en el legalismo, sino en el corazón de los mandamientos vistos como valores del Reino del Salvador.

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LAS MISIONES POPULARES: VOLVER A DIOS QUIEN HA SIDO OLVIDADO E INJURIADO

En una ceremonia llamada el “Amende-Honorable” los misioneros invitaban a la gente a una reflexión sobre la conversión y la reparación. En presencia del Santísimo Sacramento, hacían un acto de reparación por todas las faltas de respeto y las profanaciones contra Dios durante los abusos de la Revolución Francesa y las incontables profanaciones de iglesias.

En relación al Amende-Honorable que tuvo lugar en la misión de Aix, Mariusz Suzanne describe la riqueza de adornos del altar, sobre el cual el Santísimo Sacramento estaba puesto, y como un misionero gritaba en alta voz: “Señor, perdona a este pueblo”. Cada persona presente respondía en voz alta: “perdónanos, perdónanos”. En esta atmosfera cargada de emoción muchos corazones eran tocados, y Suzanne relata cómo se alargaban las colas de espera para las confesiones como resultado. (M. SUZANNE, Quelques lettres sur la misión d´Aix, p. 8-9.)

Esta ceremonia fue resaltada durante el tiempo de Restauración posterior a la Revolución y Eugenio hizo referencia a esta acción en muchas ocasiones. Cito un ejemplo de esto, de acuerdo con los miembros de su congregación de la juventud donde el líder de los jóvenes, conocido como el Prefecto, la encabezaba:

, hizo en voz alta, con el cirio en la mano, el acto de reparación al Santísimo Sacramento por todos los ultrajes que Nuestro Señor ha recibido y recibe aún de tantos impíos. herejes y malos católicos. Y en especial por todas las faltas que pueden tener que reprocharse los congregantes, en cuyo nombre el Sr. Prefecto hizo esta solemne reparación conforme al artículo del reglamento .

Diario de la Congregación de la Juventud, el 4 de junio 1815, E.O. XVI

 

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LAS MISIONES POPULARES: PERMITIR AL MENSAJE EVANGÉLICO TOCAR LAS EMOCIONES

Continuamos examinando las ceremonias de la misión centradas sobre la renovación del compromiso bautismal. Hoy, cuando leemos las reacciones de los oyentes de las actividades de los misioneros, podemos estar tentados de desestimar la gran cantidad de sollozos, las copiosas lágrimas y las emotivas expresiones de conversión, quitándoles importancia, como si fueran exageraciones de un género literario de un pasado romántico. Sin embargo no es sorprendente la reacción de la gente cuando uno reflexiona sobre cuán hambrientos estaban de verdad, de una sólida dirección y de sentido en sus vidas después de años de vacío espiritual.

El Superior retomó el discurso y tras un preámbulo hizo renovar a los fieles las promesas de su bautismo en voz alta y a manera de respuesta, lo cual dio pie a una peroración que la circunstancia volvió emocionante, durante la cual los sollozos casi cubrían la voz del predicador que se veía obligado a forzarla para que se le oyera.

La naturaleza humana pide una presentación del Evangelio que haga referencia a todos los aspectos de la persona y no solo hacia una cabeza y unos sentimientos de culpabilidad. Estoy seguro de que san Eugenio continúa retándonos hoy para permitir que nuestra percepción del Evangelio haga referencia a todos los aspectos de nuestra vida y, particularmente, a nuestros corazones y emociones. Eugenio, sin embargo, invita también a la gente a reflexionar sobre las consecuencias de sus acciones y a asegurar que sus emociones no tomen el lugar de sus cabezas. ¿Qué se resalta más, el sacramento recibido o la fiesta posterior? ¡Parece que los tiempos no han cambiado mucho!

Se dio la bendición y luego, después de la oración, avisos muy enérgicos sobre un abuso escandaloso que se ha deslizado entre las otras abominaciones que el demonio había introducido en el país: es que en los bautismos la numerosa tropa de mozas y de mozos que acompañan al padrino se abrazan sin reparo y bailan luego todo el resto del día..

Diario de la misión de Marignane, el 12 de diciembre 1816, E.O. XVI

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LAS MISIONES POPULARES: CENTRÁNDOSE DE NUEVO EN LO FUNDAMENTAL

Las ceremonias y los gestos simbólicos de las misiones han sido denominados como “doctrina en acción” (Sevrin). Para la gente de los pueblos todo esto era nuevo, tanto en los contenidos como en la presentación. Los habitantes de aquellos pueblos o no practicaban la religión, o la habían abandonado debido a la Revolución y a sus secuelas. Así, estas ceremonias despertaban la curiosidad de la gente desacostumbrada a escuchar la Palabra de Dios y, estando bien preparadas y bien presentadas, eran un medio para que las verdades religiosas fueran absorbidas.

La renovación de las promesas bautismales eran un momento importante de renovación, por lo que eran resaltadas. En el Diario de la Misión de Marignane Eugenio describe el marco en el que se realizaron:

Se había preparado una mesa en la que se había colocado un misal abierto, los santos óleos, un cirio encendido, sal bendita y la ropita blanca con que se reviste al niño después del bautismo.
El Superior, subido al púlpito, explicó la ceremonia que se iba a realizar. Se expuso el Santísimo Sacramento. El Superior retomó el discurso y tras un preámbulo hizo renovar a los fieles las promesas de su bautismo en voz alta y a manera de respuesta…

Diario de la misión de Marignane, el 12 de diciembre 1816, E.O. XVI

Esta invitación a renovar el compromiso con Cristo Salvador no cayó en saco roto y Mariusz Suzanne señaló que, tanto en Aix como en Marsella, muchos buscaron la confesión a partir de entonces para reforzar y profundizar la experiencia de la ceremonia.

En un mundo donde somos bombardeados constantemente con invitaciones y experiencias nuevas, este texto es una invitación a volver a lo fundamental: la necesidad de centrarnos, de entender y renovar nuestro compromiso bautismal cada día y vivirlo de tal modo que el Evangelio sea sal y luz en nuestras vidas y en las de los demás.

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LAS MISIONES POPULARES: MOTIVAR A LA GENTE MEDIANTE ACCIONES SIMBÓLICAS

Durante la misión todas las ceremonias eran una extensión de las predicaciones y tenían la misma meta. Todas las formas de instruir y llevar a la gente a experimentar al Salvador, y a la conversión, eran improvisadas y probadas. Las acciones simbólicas y las procesiones eran particularmente importantes porque su fuerza era apelar a los sentidos de los participantes. Continuando su reflexión sobre la ceremonia acerca de la muerte Eugenio escribió en una carta:

El servicio por los difuntos, la instrucción después del evangelio de la misa solemne de réquiem, la procesión y el responso en el cementerio, con unas palabras fervorosas apropiadas a la circunstancia, cuando el tiempo permite la salida, son de rigor. Lo que no lo es, aunque es muy oportuno, es hacer abrir una fosa en torno a la cual se hace el responso. Esta fosa está destinada al primero que pague su tributo a la muerte.
El catafalco en la iglesia debe cuidarse y el aviso de la víspera, para invitar a toda la población a la ceremonia del día siguiente, debe ser profundamente motivado y que conmovedor para cualquier persona sensible.

Carta à Eugène Guigues, el 5 de noviembre 1837, E.O. IX n. 652

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LAS MISIONES POPULARES: EL RECUERDO DE LA MUERTE COMO UNA LLAMADA A LA CONVERSIÓN

Otra ceremonia que tenía la intención de dejar huella y conducir a la gente a convertirse a Cristo Salvador era la que estaba centrada en la muerte. Eugenio describe esta ceremonia en el Diario de la Misión de Marignane:

Servicio solemne por los difuntos de la parroquia, por la mañana, a la hora acostumbrada de los ejercicios. La Misa mayor fue cantada por el Superior, un misionero hizo de diácono y el Sr. párroco cumplió las funciones de subdiácono. En el ofertorio, discurso apropiado a la circunstancia. Al amanecer, la gente estaba dispuesta para ir en procesión al cementerio. Todos los que estaban en la iglesia, hombres y mujeres, acudieron. Se cantaba al ir el Miserere y el De profundis, intercalando en cada versículo el Requiem aeternam etc. Llegados al cementerio, se hizo otro responso alrededor de la fosa que se había abierto expresamente para la ceremonia. Después del responso, el Superior dijo unas palabras que el lugar y la ocasión le inspiraban. Terminó mostrando a todos una calavera que echó en la fosa que va a quedar abierta hasta que alguno de aquellos que lo escuchaban vaya a ocuparla.
No hace falta que ese sermoncito dure más de diez minutos. Es la hora del trabajo, pero es preciso que las pocas palabras que se dicen estén animadas y henchidas de fuerza y de verdad. Las lágrimas de todos los asistentes probaban el buen efecto producido en ellos por una ceremonia tan conmovedora. No nos retiramos sin haber besado esa tierra que por sí sola vale un elocuente sermón.

Diario de la misión de Marignane, el 2 de diciembre 1816, E.O. XVI

Al volver a la iglesia, los misioneros estaban disponibles para confesar

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LAS MISIONES POPULARES: EN LA PROCESIÓN PENITENCIAL EL SUPERIOR TOMA SOBRE SÍ MISMO LOS PECADOS DE LA GENTE, IMITANDO A JESUCRISTO, A QUIEN REPRESENTA EN MEDIO DE ELLOS

Eugenio había entendido el poder de la Cruz desde el tiempo de su juventud y, además, había sido capaz de llevar a otros a abrirse a la misma experiencia curativa del poder del Salvador. Para él esta era la razón esencial para que fuera el superior de la misión el que siempre llevara la cruz:

Lo repito, es de regla que el superior lleve la cruz en la procesión penitencial, después de haber hecho una breve exhortación en el púlpito para preparar a los fieles a este acto público de reparación. No se trata de un espectáculo, es un acto eminentemente conforme al espíritu de la Iglesia y perfectamente adaptado a la circunstancia. El superior viene a predicar la penitencia a un pueblo extraviado. Lo induce a esperar el perdón. Pero hace falta una expiación. Toma sobre sí los pecados del pueblo, a imitación de Jesucristo a quien representa en medio de él, y como han hecho un san León para Roma, un san Carlos para Milán, un Belzunce para Marsella, etc., se ofrece a Dios como víctima. ¿Son pensamientos elevados? ¡Vamos! No perdamos el tiempo y mandemos al monte al que no los entienda o quede insensible a ellos. Lo que no es de regla y solamente debe hacerse con permiso es llevar la cruz con los pies descalzos y la soga al cuello. Yo lo he hecho la mayoría de las veces, pero no siempre..

Carta a Eugene Guigues, el 5 de noviembre 1837, E.O. IX n. 652

 

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