Archive for enero, 2011

VOCACIÓN: ESTAR EN ARMONÍA CON LA VISIÓN DE LA FUNDACIÓN

La respuesta de Henry Tempier a la invitación de Eugenio fue motivo de gran alegría para Eugenio. Tempier se muestra en perfecta armonía con cada una de las ideas de la fundación que le propusieron. Eugenio exulta:

¡Bendito sea Dios, muy querido hermano, de las disposiciones que ha puesto en vuestro corazón; no podríais imaginar la alegría que he sentido al leer vuestra carta! La abrí con ansiedad, pero me sentí pronto consolado: Os aseguro que considero como muy importante para la obra de Dios que seáis de los nuestros; cuento con Vd. mucho más que conmigo mismo para la regularidad de una casa, que en mi idea y en mis esperanzas, debe reproducir la perfección de los primeros discípulos de los apóstoles. Apoyo mucho más mis esperanzas sobre ello que sobre los discursos elocuentes: ¿estos han convertido alguna vez a alguien?

Carta a Henri Tempier, el 15 de noviembre 1815, E.O. VI n 6

La carta de Tempier muestra el “un solo corazón y una sola alma” que marcó su relación con Eugenio. Porque refleja, de modo muy cercano, la inspiración fundacional de Eugenio, lo reproduzco así:

Bendito sea Dios que le ha inspirado el proyecto de preparar para los po¬bres, para los habitantes de nuestros campos, para aquellos que más necesidad tienen de ser instruidos en religión, una casa de misioneros que irán a anunciar les las verdades de la salvación. Comparto plenamente sus ideas, mi querido compañero y, lejos de esperar nuevos requerimientos para ingresar en esa san¬ta obra tan conforme a mis deseos, le confieso que, de haber conocido antes su proyecto, me hubiese adelantado a rogarle que me recibiera en su Sociedad. Tengo que agradecerle, por tanto, que me haya juzgado digno de trabajar por la gloria de Dios y por la salvación de las almas. Es verdad que no me veo con el don de la palabra tan necesario a un misionero, pero alius quidem sic, alius vero sic (I Cor., 7,7). Lo que no haga con grandes discursos, lo haré en la catequesis, en las conferencias, en el tribunal de la penitencia y en todos los demás medios que puedan instaurar el reino de Jesucristo en las almas.
Para eso yo no encuentro nada que sea bajo ni pesado. Mientras tanto la práctica me irá dando mayor facilidad de la que tengo ahora. Comprendo, además, lo que busca por encima, de todo al escoger a sus colaboradores; quie¬re unos sacerdotes que no sigan una rutina y el camino trillado,… que estén
dispuestos a seguir las huellas de los apóstoles, a trabajar por la salvación de las almas sin esperar más premio aquí en la tierra que muchas penas y fatigas Por la gracia de Dios, yo siento en mí ese deseo, y si no lo tengo, bien que ansío tenerlo, y con Vd. todo me será más fácil. Así que cuente por entero conmigo.

27 de octubre de 1815, Cf. REY I, p. 183.

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VOCACIÓN: LA VOLUNTAD Y EL CORAJE PARA CAMINAR SIGUIENDO LOS PASOS DE LOS APÓSTOLES

Si, como lo espero, queréis ser de los nuestros, no os encontraréis en país desconocido, tendréis cuatro compañeros;
hasta ahora no somos más numerosos: es que queremos elegir unos hombres que tengan la voluntad y la valentía de seguir las huellas de los Apóstoles.  Es necesario poner fundamentos sólidos

Carta a Henri Tempier, el 9 de octubre 1815, E.O. VI n 4

Para hacer posible la existencia de un grupo misionero, Eugenio usaba el ejemplo de Jesús y los apóstoles.

La vocación misionera iba a ser apostólica. En la primera Regla que escribió, lo expresó de este modo:

¿Qué hizo, en realidad, nuestro Señor Jesucristo cuando quiso convertir el mundo? Escogió a unos cuantos apóstoles y discípulos que él mismo formó en la piedad y llenó de su espíritu
y, una vez instruidos en su doctrina, los envió a la conquista del mundo que pronto habían de someter a su santa ley.

Nota Bene, Regla 1818

Los miembros de la familia Mazenodiana deben, expresamente, querer seguir el ejemplo de los apóstoles y tener el valor de hacerlo sean cuales sean las consecuencias.

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VOCACIÓN: FORMAR UN CORAZÓN Y UN ALMA.

Formar “un corazón y un alma” es un concepto muy querido por el Fundador. Como la magnitud de la Congregación iba creciendo, él insistía cada vez más en esta unidad. Para Eugenio, su familia misionera era la familia más hermosa del mundo y quería que fuese la más unida. Es por esto que hoy encuentro el concepto de “Familia Mazenodiana” especialmente apto para describir todos aquellos, laicos y religiosos, que se sienten llamados a vivir el carisma y la espiritualidad de San Eugenio.

Ese “un corazón” y “un alma”  fue formado por un equilibrio en el estilo de vida: una parte de la vida del misionero iba a ser gastada en la misión activa (la conversión de las almas) y la otra iba a ser gastada en la formación, oración y estudio individual para ser los mejores misioneros. De hecho, los misioneros estaban tan conmovidos por las necesidades de los pobres que dedicaban generosamente la mayoría de su tiempo a dirigir actividades de evangelización y no lo suficiente a estas últimas. La constante llamada de Eugenio era para un mejor equilibrio: SER para HACER.

La felicidad nos espera en esta santa Sociedad que sólo tendrá un corazón y una sola alma; parte del año será empleada en la conversión de las almas, otra en el retiro, el estudio, en nuestra santificación particular; no os digo más de momento, esto basta para daros un anticipo de las delicias espirituales, que gozaremos juntos…
… pero espero que ocurrirá con nosotros como con los discípulos de S. Felipe Neri, que libres, como seguiríamos siéndolo nosotros, morían antes de haber pensado que podían salir de una congregación que amaban como a su madre.
…  Todo depende de estos comienzos; hace falta unanimidad perfecta en los sentimientos, idéntica buena voluntad, idéntico desinterés, idéntico sacrificio en una palabra..

Carta a Henri Tempier, el 9 de octubre 1815, E.O. VI n 4

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VOCACIÓN: VEN Y “SÉ” PARA “HACER”

Desde el principio Eugenio insiste en que sea cual sea el trabajo misionero que haga, su éxito depende de la calidad de vida de aquellos que la llevan a cabo. Es el ejemplo de estilo de vida del misionero  el que habla más alto que cualquier palabra. Esto es porque, para Eugenio, la comunidad y una norma de vida que sea comúnmente aceptada es un elemento no negociable de nuestra vocación.

En los últimos años, los laicos se han unido a los Oblatos para vivir una vocación misionera y formar una comunidad, expresada de muchas maneras.

Los miembros de la familia Mazenodiana tienen la vocación de SER (tener una calidad de vida ejemplar) – para HACER (destruir el poder del demonio y ayudar a las personas a encontrar el sentido de sus vidas)

…un establecimiento que proporcionará habitualmente a nuestras campiñas fervorosos misioneros.
Se ocuparán incesantemente en destruir el imperio del demonio al mismo tiempo que darán el ejemplo de una vida verdaderamente eclesiástica en la comunidad que formarán;
porque viviremos juntos en una misma casa que he comprado, bajo una regla que adoptaremos de común acuerdo, y cuyos elementos sacaremos de los Estatutos de S. Ignacio, de S. Carlos para sus Oblatos, de S. Felipe Neri, de S. Vicente de Paul y del bienaventurado Ligorio

Carta a Henri Tempier, el 9 de octubre 1815, E.O. VI n 4

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VOCACIÓN: TÚ ERES NECESARIO EN EL TRABAJO QUE EL SEÑOR QUIERE QUE LLEVEMOS A CABO

Dios inspiró a Eugenio para que empezara una congregación misionera y Dios invita a otros a tomar el papel necesario para que su misión sea exitosa. La invitación a Tempier continúa a lo largo de los años para todos aquellos que se sientan llamados a participar en el carisma y la espiritualidad de Eugenio. No es cuestión de un capricho pasajero sino una convicción que los más abandonados necesitan para cambiar sus vidas.

Pues bien, querido, os digo, sin entrar en más detalles, que sois necesario para la obra que el Señor nos ha inspirado emprender.
Convencido el jefe de la Iglesia, que en el desdichada estado en que se encuentra Francia, sólo las misiones populares pueden devolver a los pueblos la fe, que de hecho han abandonado, los buenos eclesiásticos de diferentes diócesis se reúnen para secundar los proyectos del supremo Pastor.
Hemos sentido en el caso la indispensable necesidad de emplear ese remedio en nuestras regiones, y, llenos de confianza en la bondad de la Providencia, hemos puesto los fundamentos de un establecimiento que proporcionará habitualmente a nuestras campiñas fervorosos misioneros.

Carta a Henri Tempier, el 9 de octubre 1815, E.O. VI n 4

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VOCACIÓN: A TRAVÉS DE LOS OJOS DEL SALVADOR CRUCIFICADO MIRA LAS NECESIDADES DE LOS QUE TE RODEAN

Henri Tempier es invitado a observar la situación religiosa de los más pobres de Provenza a través de los ojos del Salvador Crucificado. Es una invitación a sentir desde lo más profundo de su corazón la experiencia de aquellos que no tienen un sentido en sus vidas porque Dios está ausente.

A los pies de la Cruz, símbolo del Salvador que lo sacrificó todo por los demás, él es invitado a sacrificar su propia comodidad para que otros puedan tener vida.

Éste es el significado de oblación: mirar a los más abandonados con los ojos y el corazón del Salvador y responder imitando su entrega para que ellos tengan la plenitud de la vida.

Imponga silencio a la avidez, al amor de las comodidades;
penetraos bien de la situación de los habitantes de nuestras campiñas, del estado de la religión entre ellos, de la apostasía que se propaga cada día más y que hace estragos horrorosos. Ved la debilidad de los medios que se han opuesto hasta el momento a ese diluvio de males;
consultad vuestro corazón sobre lo que desearía hacer para remediar esos desastres y conteste después a mi carta.

Carta a Henri Tempier, el 9 de octubre 1815, E.O. VI n 4

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VOCACIÓN: A LOS PIES DE LA CRUZ ESCUCHA LO QUE DIOS TE ESTÁ PIDIENDO

La carta de Eugenio al sacerdote diocesano de 27 años, Henri Tempier, es un documento esencial de la fundación para nosotros. Contiene las semillas de lo que es esencial en nuestra vocación. Por esta razón lo voy a dividir en secciones más pequeñas para resaltar sus ideas centrales.

La carta muestra el punto de partida fundamental de la vocación de cualquier miembro de la familia Mazenodiana: ésta tiene que fluir de la experiencia de Dios en la Cruz. “Lee esta carta a los pies de tu crucifijo”, no es un pensamiento piadoso – sino una actitud necesaria: Eugenio experimentó el amor que Dios le tenía y entendió su vocación  a los pies del Crucifijo. Cualquiera que se sienta llamado a este viaje con Eugenio necesita tener como punto de partida y como punto central el amor de Dios expresado en la Cruz.

En su deseo de vivir “todo para Dios”, Tempier debe escuchar la voz de Dios que lo llama a moverse para gloria suya y por la salvación de los más abandonados de Provenza.

Mi querido amigo,
lea esta carta a los pies de vuestro crucifijo,
en la disposición de no escuchar sino a Dios,
lo que el interés de su gloria
y la salvación de las almas exigen de un sacerdote como Vd.

Carta a Henri Tempier, el 9 de octubre 1815, E.O. VI n 4

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VOCACIÓN: DEBEMOS FORMAR UN NÚCLEO QUE DÉ VIGOR Y SEA FUENTE DE VIDA PARA LOS DEMÁS

 Continuando la reflexión sobre la carta de invitación de Eugenio a Hilaire Aubert, llegamos al concepto central del pensamiento y la acción de Eugenio: aquella de formar un grupo que dé vida al mundo. Él usa la palabra noyau, que se refiere a un grupo que es fuente de vida para los otros, como un núcleo en un grupo de células, o la semilla en una fruta, o el corazón de algo que tiene vida. Cuando él comenzó su congregación de jóvenes en Aix, iba a ser para ellos la levadura en la sociedad de Aix. Del mismo modo, se suponía que los Misioneros sería lo mismo: un grupo selecto de personas que sería fuente de vida para los otros.

Para ser una fuerza vigorosa en Francia, los Misioneros tendrían que tener una calidad de vida que diera vida a los demás. Ellos necesitaban aspirar a ser santos viviendo el mandamiento del amor, según una Regla y con un estilo de vida transparente como los apóstoles. Para ser una fuerza que dé vida en el mundo de hoy, nosotros, como miembros de la familia Mazenodiana, laicos y religiosos, estamos llamados a una calidad de vida concreta para ser núcleo en la sociedad.

¡Ah!, si pudiésemos formar un grupo, pronto se le uniría lo que hay de más celoso en la diócesis.
Piense un poco en eso ante Dios. Sabéis que hacen falta, para hacer el bien en nuestras regiones, gentes del país, que sepan la lengua.
 ¡Oh!, no dude, nos haremos santos en nuestra Congregación, libres pero unidos por los lazos de la más tierna caridad, en la sumisión exacta a la Regla que adoptaríamos, etc. etc. Viviremos pobremente, apostólicamente, etc

Carta a Hilaire Aubert, sacerdote y director del seminario de Limoges, 1815, E.O. VI n 3

 (Nota: Hilaire Aubert nunca se unió a los Misioneros de Provenza)

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VOCACIÓN: LO BUENO QUE INTENTAMOS HACER DEBE REPARAR LOS MÁS GRANDES DEMONIOS QUE SE ENFRENTAN A NOSOTROS

Había llegado el tiempo para Eugenio de empezar a invitar a los otros a unirse a él en su proyecto misionero. Como miembros de la familia Mazenodiana, laicos y religiosos, estamos invitados a ver en estos textos vocacionales algo sobre nuestra llamada a vivir nuestro bautismo de acuerdo al espíritu de Eugenio.

En esta carta, Eugenio invita a Hilaire Aubert, director del seminario en Limoges, a unirse a él y le da las principales razones de la existencia del nuevo grupo: la trágica situación religiosa de los pobres y la escasez de misioneros que los ayude a través de la predicación y de sus esfuerzos para destrozar el poder el demonio. La situación de hoy nos hace todavía a esta misma invitación.

El bien que nos proponemos realizar, debe remediar unos males más apremiantes. ¡Cuántas gentes se ocupan en eso; nada más indispensable!
Se trata de reunimos, algunos sacerdotes, para predicar sin descanso, misiones en todas partes de esta amplia diócesis y vecinas. Queremos hacer en pequeño, pero con no menos utilidad, lo que se trabajo para lograr en grande en París. Quisiéramos hacer cosas sin ruido, pero, ¡qué golpes nos da el infierno!
¡Oh, querido amigo, si quisierais ser de los nuestros! Empezaríamos por vuestra patria, donde la religión está casi apagada, como en infinidad de otros lugares. Me atrevo así a decir que seríais necesario.

Carta a Hilaire Aubert, sacerdote y director del seminario de Limoges, 1815, E.O. VI n 3

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ME HALAGA QUE EN EL FUTURO ALGÚN PAPA BEATIFICARÁ A MI HIJO…

En la carta a su padre, Eugenio le había contado su aventura de unir un grupo de misioneros:

Es un establecimiento de Misioneros que se encargarán de recorrer los campos para llevar a los pueblos a los sentimientos de religión que han perdido. Nos establecemos en las antiguas Carmelitas, para desde allí  realizar nuestras giras apostólicas.

Carta a Charles Antoine de Mazenod, el 8 de noviembre 1815, E.O. XIII n.1

La respuesta del Presidente de Mazenod del 27 de Febrero de 1816 contiene dos interesantes atisbos “proféticos”. En primer lugar, él se refiere a la fundación de los Redentoristas por Alfonso de Ligorio – dándose cuenta de la influencia que el ejemplo de este grupo iba a tener en la nueva fundación de su hijo, y que Eugenio le pediría trabajar en la traducción de una biografía de Alfonso al francés. En segundo lugar,  su padre se hacía ilusiones (¿con tono irónico?) con la beatificación de su propio hijo ¡que tendría lugar 160 años más tarde!

   Tenemos aquí una agrupación parecida de santos sacerdotes que se turnan para ir a dar misiones por los alrededores y hacen mucho bien.. Hay también una institución casi igual de Misioneros llamados del Redentor, establecidos en el Uditore. Reconocen como fundador a Mons. Liguori, obispo de Santa Águeda, en el reino de Nápoles, muerto en olor de santidad y en cuya beatificación se trabaja actualmente en Roma por orden del Papa. Me complace pensar que un día algún Sumo Pontífice dé las mismas órdenes a favor de Carlos José Eugenio, pero, entre tanto, me hubiera gustado que me enviaras los periódicos que hablan de tu Instituto y de ti…”

(Original en la Biblioteca de Méjanes, Aix)

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